UNA COMPAĆERA INCOMODA
- 18 feb
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Lo que nos cuenta la historia de la economĆa mundial afinca el inicio de la relación del Estado con una compaƱera incómoda y resabiada desde hace mĆ”s de ocho siglos. Y no hay forma de domarla. Hoy el mundo nuevamente la tiene como amenaza. En el caso del Ecuador, aparece desde el nacimiento del Departamento del Sur de la Gran Colombia como paĆs independiente, cuya relación le ha hecho la vida bastante complicada. Ni bien surgió como repĆŗblica, empezó la discusión sobre el monto que debĆa asumir producto de la gesta libertaria. El Libertador habĆa contratado crĆ©ditos a unos ingleses que mĆ”s tarde los transfirieron a ciertas instituciones financieras, formalizando las obligaciones que se suponĆa correspondĆan a los costos de las acciones militares del ejĆ©rcito criollo. Obviamente las cuentas eran muy difĆciles de precisar y el monto negociado se dividió entre los tres miembros de la Gran Colombia. Desde el reparto surgieron los problemas. AhĆ se estrenó el camino ecuatoriano con esta compaƱera que hasta estos dĆas sigue revoloteando y poniendo en pindingas a la economĆa fiscal y, por ende, a la nacional.
La famosa deuda Anglo-ecuatoriana mantuvo ocupados a buena parte de los gobiernos del siglo XIX. La aceptación inicial por el gobierno de Flores y la ratificación de Rocafuerte, la renegociación de Urbina y la conversión negociada por Antonio Flores Jijón son posiblemente los cuatro hitos mĆ”s representativos de las tensiones polĆticas internas y externas ocasionadas por esta herencia. Con el tiempo las cosas fueron acoplĆ”ndose hasta llegar al gobierno de RodrĆguez Lara en los aƱos 70 del siglo XX, cuando finalmente se cancelaron los saldos de esta molestosa compaƱera.
Pero poco tiempo consintió el paĆs en vivir acostumbrado a lo que tenĆa. El advenimiento del petróleo, la expansión del Estado, la multiplicación del gasto fiscal pronto rebasó los ingresos y regresó, ahora con un vigor que no termina, esa compaƱera atractiva cuando asoma, pero desalmada cuando quiere irse, que la creĆamos muerta, pero estaba mĆ”s viva que nunca, pues los petrodólares salĆan hasta por las orejas del mundo financiero que no encontraba otra forma de usarlos que apoyar las polĆticas económicas, fiscalmente desequilibradas, de los paĆses en desarrollo. Y obviamente, ante la tentación y la alternativa de no corregir y pagar sus despropósitos polĆticos, la gran mayorĆa de paĆses, incluido el Ecuador, dieron rienda suelta a los anzuelos que ofrecĆa esta remozada compaƱera.
La vida cambió pues los caprichos de la compaƱera eran y son costosos y duele tener que pagarlos porque nos quita el dinero que necesitamos para tantas cosas, pero ni modo, las obligaciones cuando uno es honrado hay que cubrirlas, aunque sea con mala cara e incluso mediante arreglos que dejan heridas en la relación. Desde que regresamos a la democracia, no menos de seis o siete veces hemos tenido que buscar la reconciliación, obviamente pidiendo un tiempo para recuperarnos bajo la promesa de que esta serĆ” la Ćŗltima vez que caemos en la trampa. Pero, como latinos amnĆ©sicos, nos olvidamos de las promesas y reincidimos en estos amorĆos que mĆ”s temprano que tarde se convirtieron en dolorosos divorcios. Incluso perdimos la moneda y sabĆamos que esta compaƱera o cambiaba de conducta o tenĆamos que olvidarla. Un tiempo nos recompusimos, pero la adición a esta droga fue mĆ”s fuerte y ahora otra vez, luego de mĆŗltiples desencuentros, nos hemos vuelto a dar un tiempo de reconciliación. Son cuatro aƱos que pasan rĆ”pido y, si no arreglamos las cuentas fiscales, volverĆ”n los temores y el desencuentro.
OjalĆ”, finalmente, aprendamos la lección. Estamos muy cerca de que esta inefable y destructiva compaƱera se ponga en un nivel de intolerancia y nos encuentre con poca caja y ademĆ”s sin la energĆa necesaria para atenderla, lo que nos conducirĆ” a un final muy calamitoso para las dos partes. Nadie puede mantener un ritmo de desenfreno, tanto en la vida privada como en la pĆŗblica, sin que llegue el momento en el cual esta relación se vuelva funesta, termine haciendo trizas la convivencia interna y, finalmente triture āque a lo mejor es buenoā la relación con la concubina. La experiencia nos dice que si lo que aumenta con esta compaƱera āla deuda pĆŗblicaā tiene un ritmo superior al de lo que ingresa āal presupuestoā y, ademĆ”s, crece mĆ”s rĆ”pido que la economĆa, no hay muro que impida la caĆda del Estado, quebrante el bienestar colectivo, y deje desamparadas a las generaciones que nos sucedan, cuya herencia serĆ” abominable.
Colaboración
Revista Forbes
02 de febrero de 2026