Tras cuernos, palos

Así de crudo es el mensaje sobre las perspectivas de la economía mundial que acaba de publicar el FMI. “Lo peor está por venir” es la frase que impacta. Es común que muchas instituciones especializadas y economistas tengan una inclinación por las amenazas y dejen poco espacio a los hechos positivos. En buen romance, esa es su función. Advertir los peligros, pero lo es también hacerlo de una forma mesurada por las consecuencias que trae.


Ya nadie duda que las cosas se complicaron este año. Hay muchos frentes abiertos y pocas herramientas para trabajarlos. Para mitigar la pandemia se agotaron recursos con políticas expansivas fiscales y monetarias. No había opción o el mundo se venía abajo. Hoy queda poco espacio para esta etapa en la cual la inflación atormenta a los hogares y saca de quicio a los bancos centrales. Ahora toca recoger dinero y hacerlo más caro. De otro lado, los presupuestos públicos abrieron sus déficits, aumentaron sus deudas y con la subida de tasas, los servicios les apremia. Por acá en cambio se necesita espacio para cubrir los daños sociales que se concentran en los estratos sociales de ingresos limitados. La gran pregunta que está en debate y no encuentra consenso es como armonizar estas dos líneas de gestión económica para salir de la inflación y no provocar un caos.


El frente geopolítico ha puesto en pindingas a la política energética y al abastecimiento de alimentos, dos factores de desequilibrio extraños a la política monetaria. Factores que, además, requieren recursos públicos para reducir su impacto en los hogares. Y ni que hablar de los costos provenientes de los cambios en el clima o de las necesidades pensionales.


Así están las cosas en el mundo. Hasta China ya se desaceleró fuertemente y trae su propia amenaza. En este entorno de alta incertidumbre se bate la política económica nacional. Pocos la entienden. Incluso en las mesas de diálogo hay acuerdos que frustran el futuro. El Estado pierde su poder legítimo y una minoría violenta no escatima esfuerzo alguno en destrozarlo. Eso buscan. Palos.



Colaboración

Diario El Comercio