Toca cumplir

Empieza a desenredarse el ovillo del programa económico del gobierno nacional. El Acuerdo Reestructurado con el FMI en su versión restringida, pues la oficial se la podrá conocer sólo cuando el Directorio lo trate en los últimos días de septiembre, ya deja en claro el compromiso político de llevar a la economía hacia una configuración que ofrezca mayor certeza mediante una conducta del gasto público mucho más respetuosa con la realidad de un país que tiene limitaciones financieras y una estructura social muy inequitativa.

En la historia económica del Ecuador, esta renegociación acordada con el FMI es inédita desde el punto de vista político pues no hay antecedente de un hecho similar que vincule a dos administraciones del Estado. Trae consigo un poderoso mensaje de responsabilidad en el cumplimiento de las obligaciones contraídas a nombre de toda la sociedad, que para la comunidad internacional tiene un valor singular.

Obviamente, el gobierno ha hecho uso de su legítimo derecho de revisar las condiciones contenidas, modificarlas en función de su visión de desarrollo, así como adecuarlas a los cambios en el mundo real. Esa es la forma lógica de construir relaciones creíbles, duraderas pues las decisiones se sustentan en el respeto de los compromisos y en la modificación consensuada de los cambios. Además, ahorran tiempo que es la variable más esquiva de los términos gubernamentales.

Este acuerdo, es al momento el programa activo de mayor monto en el portafolio del FMI que, al concluir, si todo va bien (así lo espero), le convertirá a esta institución en el principal acreedor del país, con una estructura de deuda a largo plazo y bajo costo financiero, que en si ya es una reforma estructural.

El FMI, ahora dirigido por una economista búlgara (país europeo emergente), acentúa su interés en conseguir que las políticas económicas pongan por delante su obligación de combatir las causas de la pobreza, las inequidades mediante acciones de gobierno dedicadas a estos objetivos con programas de uso muy eficiente del poco dinero que dispone la caja pública. Pero, no queda ahí, trae a la mesa también el problema del deterioro de la naturaleza y la necesidad de emprender planes de reconversión productiva, todo eso dentro del marco lógico de un manejo escrupuloso de y equilibrado de los recursos públicos.

De ahí, que el programa en su aspecto fiscal tenga un peso mucho mas marcado en la reducción del gasto (innecesario y en muchos casos de derroche) que en la contribución adicional de los agentes económicos privados (que algo tendrán que aportar). No faltan los que creen que debe ser más fuerte el ajuste del gasto, pero no indican que aquello tendrá un peso en la capacidad de recuperación y crecimiento. Las expectativas lucen prometedoras.

Colaboración

Diario El Comercio

18 de septiembre del 2021