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PARA PENSAR UN POCO MÁS.

  • hace 5 horas
  • 3 min de lectura

La lucha por el liderazgo mundial destruye el sistema que dio incontables frutos por muchos años. Se hace con cualquier medio: desde posturas impositivas y renegociaciones forzadas hasta acciones militares. Son el pan de cada día y da la sensación de que el planeta se acomoda a vivir con esa tensión. Algunos encuentran oportunidades y otros enfrentan amenazas. La geografía económica se reagrupa. Nadie logra intermediar en los conflictos y el temor a su expansión no es menor.

Con la ayuda de la tecnología abundan los datos. Apabullan la capacidad de discernimiento y análisis. Sin embargo, pongamos algunas reflexiones, de seguro incompletas pero relevantes, que contribuyan a pensar un poco más sobre el futuro:


  1. Las tecnologías vinculadas con la inteligencia artificial y el desarrollo militar requieren de enormes inversiones en energía, de la disponibilidad de tierras raras y otros minerales, así como de la provisión de semiconductores. La disputa por tenerlos es tenaz. En varios de estos planos, China demuestra ventaja. Duplica la producción de energía de EE. UU. Desarrolla energías limpias, mientras su rival retira los incentivos. Tiene el 52% de los reservorios mundiales de tierras raras y el 32% de grafito. Además, Taiwán es la cuna de los semiconductores; Chile, con el 25% de las reservas de litio, y Australia, con un amplio portafolio de minerales y el 28% de las reservas de uranio, comparten este espacio mineral, en el cual EE. UU. es fuerte en carbón, con el 23% de las reservas. Petróleo, gas y urea cierran el cuadro en la gran lucha abierta por su control. En fin, por estos mundos camina el lobo.


  2. Las nuevas tecnologías transformaron los mercados mundiales. Usando el “Indicador de Buffett” para el valor del mercado de capitales de EE. UU., este pasó del 143% del PIB en el año 2000 al 234% en este año. (Nota: en 2009, por la crisis financiera, cayó al 56%). Igual se ve al comparar los datos de crecimiento patrimonial de las 400 empresas del índice Forbes: entre 1982 y 2025, su valor real aumentó un poco más del 2.000%, mientras el PIB real de EE. UU. lo hizo en el 100% y el patrimonio familiar en un poco más del 200%. ¡Elocuente diferencia!


  3. Por supuesto, la distribución de la riqueza confirma lo dicho antes: la primera economía del mundo está llevando la concentración a un nivel muy profundo. Entre 1989 y 2025, el 1% más rico de la población aumentó su participación del 22,8% al 31,9%, a costa de la clase media (40% de la población), que perdió 6,5 puntos (del 35,7% al 29,2%) y, finalmente, el estrato más bajo, que alcanza al 50% de la gente, solo comparte el 2,5% de la riqueza de EE. UU. ¿Es posible sostener un proceso como el referido que no lleve a desarreglos políticos y sociales?


  4. ¿El auge de la inteligencia artificial es una burbuja? Con esta pregunta, dos economistas latinoamericanos, Haussmann y Velasco, exploran las condiciones que debería tener el mundo para sostener el valor de mercado de los 10 gigantes tecnológicos, cuyas acciones equivalen a 20 años de utilidad y el 65% la consiguen fuera de los EE. UU. En 10 años llegarían a generar 2,4 trillones de dólares anuales de ingresos provenientes del exterior, que es un monto igual a las exportaciones totales de un año o a más de dos veces el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos de la economía norteamericana. ¿Los países que compran estos servicios de dónde obtendrán el dinero para pagar semejante factura, que beneficia a estos conglomerados cuya nómina llega a 1 millón de empleados, con un valor de cada puesto de trabajo de 23 millones de dólares? Aquí aparece una pregunta crítica: ¿será posible que los países acepten pasivamente estos pagos recurrentes y elevados o tomarán medidas para controlar esta dependencia?


  5. Ha pasado más de un año del inicio de la política de protección comercial con elevados e inestables aranceles y todo parece confirmar los temores iniciales de un reacomodo más rápido de lo previsto. Otra vez China aparece como un ganador. En la relación con EE. UU., después de la caída de exportaciones de 2025, en este año aparece un rebote que recupera su nivel anterior. Pero la cosa no queda ahí. Robin Brooks, economista americano, reconoce que la UE, Reino Unido, Singapur, Malasia e Indonesia han visto mejorar sus relaciones con China y Krugman, premio Nobel, añade que eso también ocurre con Canadá, Australia, Suecia, entre otros, que ahora tienen mayor intercambio que con EE. UU. Rusia también recibió su coletazo: “Diversión comercial con velas desplegadas”. ¿Se mantendrá esa tendencia?


Hasta aquí el relato de nuevas complejidades.


Colaboración

Econ. Abelardo Pachano

21 de julio de 2026

 
 
 

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