Los vientos cambian

Los ciclos económicos siguen vigentes a pesar de los enormes esfuerzos que se han desplegado a lo largo de una historia rica en acontecimientos que ha puesto a prueba la capacidad humana para entenderlos y evitar su crónica recurrencia.


Sería injusto desconocer la creatividad contenida en innumerables teorías económicas que los han abordado, algunas de las cuales han dejado una estela de conocimiento que aportan instrumentos de gran valor para detectarlos con algún grado de anticipación. Pero, como la economía es fundamentalmente una ciencia que interpreta la conducta humana en sus relaciones dedicadas a producir bienes que satisfagan necesidades y conseguir un rédito por ello, la dinámica de cambio le pone al estudio de la evolución del mundo económico en un permanente trance de interpretación que no siempre logra articular un razonamiento oportuno que lleve a la detección de este ciclo de expansiones y caídas.


La política hace lo suyo cuando establece restricciones de conveniencia que normalmente sacan de curso el orden económico e introducen o aceptan distorsiones que incuban los daños que pronto serán evidentes e ineludibles. Por ahí se dan las contradicciones entre la Política Económica y la Economía Política que miran al mundo desde dos ángulos o perspectivas: la de la lógica construida sobre la funcionalidad razonable de un país y la ejecución práctica que encuentra vallas para su concreción y, toma alternativas que desconocen esa coherencia y fragmentan la atención de un señalado desajuste.


Pero hay más. La historia señala las confrontaciones, guerras, revueltas que han acompañado a la evolución del mundo. Todas trajeron enormes pérdidas humanas y materiales. Destrozaron una realidad y los pueblos debieron comenzar una vez más a crear valor para conseguir una condición de vida que les saque de esa postración. Estos hechos violentos contribuyen a la formulación de una realidad cuya incertidumbre rebasa la capacidad de predicción de un modelo económico, y descansa en la voluntad de arreglo político que pueda alcanzarse.


Los efectos naturales también se incorporan con sequías, inundaciones, terremotos, plagas que juegan con esa lucha permanente para evitar su impacto cuando es posible preverlo.


Así es el mundo y con el convivimos. El ser humano ha logrado salir de sus apuros y aprovechar la riqueza de su entorno, incluso a costa de poner en peligro su propia existencia. Las crisis, más allá de sus secuelas han sido oportunidades para crecer, construyendo una estructura económica poco amigable con el ambiente y cuya reconversión, indiscutiblemente necesaria e inevitable, ocasionará la presencia de grandes desajustes por los costos y la propia transición estructural.


A que viene todo esto. Simplemente o si se quiere lamentablemente a que otra vez la economía mundial, como lo pregunta el profesor Kenneth Rogoff ¿será que va camino hacia una tormenta perfecta en la que EE. UU., China y Europa entrarán en crisis al mismo tiempo mas avanzado el año? De hecho, los riesgos aumentan. Decae el crecimiento. La recesión en Europa empieza a dar sus clarinazos. China y su encierro draconiano dejan muchas dudas sobre el impacto en su dinamismo. La inflación ya despierta expectativas que la consolidan. Se reaniman los bancos centrales y el mundo monetario ofrece señales de su impacto con una volatilidad singular. Sin duda, la deuda pasará factura. Nuevamente el mundo emergente y pobre tiene nubes en sus cielos.

La pandemia, los incentivos fiscales y monetarios y ahora la invasión a Ucrania, enseñan sus impactos: daños en las cadenas de distribución de alimentos, demandas de consumo energizadas, costos de la guerra, sanciones y retaliaciones que reparten calamidades por todas partes, amén de las pérdidas humanas.


Es tiempo de mayor cuidado en el uso de los recursos, de mantener la consistencia macroeconómica para proteger desarreglos mayores, de cuidar las reservas para no volver a estar a la intemperie y, claro, de aprovechar las oportunidades que también aparecen en este ambiente complejo. Los que mejor la entiendan, mejor saldrán.

Colaboración

Revista Forbes