Inquietudes nacionales

La comunidad internacional ha respondido a Rusia con sanciones económicas por su intervención bélica a Ucrania. En un mundo cada vez más globalizado, ¿cómo afectan estas decisiones a Latinoamérica?


Cuando se anunció estas posibles sanciones, el mundo con poca fe y resignación recordó la casi nula efectividad de su imposición al mismo actor en el año 2014. Pero, la dimensión, el alcance de las actuales es sustantivamente mayor y se esperan daños profundos en las actividades cotidianas rusas, incluso con repercusiones en la estabilidad de su sistema.

Este es otro mundo del que vimos hace ocho años. Las economías occidentales, democráticas se cohesionaron en un frente que no se lo veía posible y han acordado dos grandes lineas de estrangulamiento: comercial y financiero. Por ahí va la asfixia y de ahí salen también las repercusiones para casi todo el planeta, pues las interrelaciones económicas van y vienen. Rusia va a sufrir y de hecho ya lo siente, pero los demás ya vemos la escalada de impactos por los cambios dramáticos en los precios de la energía (América Latina es importadora neta), de muchas materias primas (trigo, maiz, para bien de unos y mal de otros), insumos (fertilizantes), pérdida de mercados en la zona del conflicto (exportaciones de ciertos alimentos), impulso a la renaciente inflación y cambios en las políticas económicas como respuesta de esta nueva realidad seguramente para minimizar el efecto en el crecimiento y la tolerancia (inicial) de la inflación.



¿Qué repercusiones se avisarán para esta región en el mediano y largo plazo considerando que las sanciones económicas duran mucho tiempo, independientemente de lo que ocurra en el ámbito militar?

No se cuanto tiempo pueda soportar el sistema económico mundial una situación tan tensa, anormal y contraria a la tendencia de desarrollo construída desde hace algunas décadas. Obviamente, se buscarán soluciones, parches o definitivas, a las restricciones de la oferta de bienes y servicios, pero no veo posible someter a un castigo tan severo a un país como Rusia sin que alguna respuesta violenta se presente. Por algún lado debe abrirse una puerta al diálogo.

China tiene un oportunidad de mediación que le conviene en su papel ejemónico pues colocaría a su socio del momento (rival de antaño) en una posición muy debil para sostenerr su violencia si quiere de alguna manera reconstruir sus relaciones internacionales rotas y profundamente acompañadas de la desconfianza.

El nivel de integración económica del mundo es tan profundo que nadie escapa a un latigazo derivado de esta agresión militar. Eso, sin duda va a obligar, en algún momento y por iniciativa de alguien a sentarse en una mesa y trazar las líneas de un acuerdo.

Por supuesto en el intertanto, los daños habrá que solucionarlos y de alguna manera el mundo aprenderá la lección y buscará enmendar lo que se ha visto que no funciona.



Ecuador exporta productos primarios a Rusia y Ucrania como banano, flores, camarón, pesca, enlatados… ¿Qué perspectivas existen en el mundo para colocar estos productos?


En el corto plazo la posición de los productores es débil pues no son los únicos con esos problemas y además con los derivados de las cuentas impagas. De a poco se iran encontrando nichos que suplan esta restricción de demanda, pero habrá efecto en precios y alguna parte se la perderá.

Por eso, lo que aquí se siente es compartido en otras regiones y esa realidad pujará por una busqueda de solución del conflicto, que ya en sus entrañas tiene resistencias.



¿Qué repercusiones económicas habrá en la Unión Europea y cómo estas incididarán al resto de regiones?


El gran problema de Europa es un crónica dependencia de la energía provista por Rusia y otros países. Este es su gran talon de Aquiles y de ahí parten todas sus limitaciones. Con energía cara todo se vuelve un problema: consumo, inversión, producción. No pueden seguir mirando hacia otro lado. Tienen que resolver esta amenaza que hoy lo sienten en carne viva.



Colaboración

Diario El Comercio

13 de marzo del 2022