Inquietudes nacionales
- finanviewweb
- 9 nov 2020
- 4 Min. de lectura
1. ¿Cuándo estamos cerca de comenzar la campaña electoral qué pregunta haría a los candidatos para sostener la dolarización?
Creo que existen dos temas críticos, aunque no son los únicos, que llevan consigo un conjunto de decisiones coherentes para su realización y determinarán la viabilidad o continuidad de la dolarización, dentro de un marco de recuperación del empleo y la vitalidad del crecimiento: ¿de qué forma y en cuánto tiempo va a recuperar el equilibrio fiscal y cuales serán los instrumentos que servirán para volver competitivas a las actividades productivas privadas para generar empleo formal? No divagar. Decisiones concretas.
2.¿Cuál sería la clave de un discurso coherente sobre la generación de plazas de trabajo y cuál compromiso pediría asumir a los candidatos a la Presidencia?
Durante muchos años la información laboral no formaba parte del análisis rutinario del país. Todo se concentraba en la discusión de la conflictividad cotidiana, las marchas de las fechas clásicas, la presión por nuevos derechos, pero nadie defendía la sostenibilidad del empleo, la productividad, la competitividad, eficiencia de las empresas y, el valor de la estabilidad de la inversión.
Son pocos años que la atención cambió y, la información demostró que la cosecha de tanta falta de equilibrio y sentido común no fue agradable. Los datos del mercado del trabajo eran y son conmovedores: una minoría (incluyendo los públicos), se encuentran formalizados, con las coberturas sociales atendidas (tema que tiene además limitaciones de calidad y cobertura evidentes). La gran mayoría, más del 65% viven separados del sistema, como pueden, pues su formalización es tan cara, que la marginalidad es el reducto natural de los pésimos incentivos que rigen hoy, en lugar de un mundo que debería explicar y justificar la existencia de una política que se compromete con la búsqueda de un bienestar compartido y generalizado para todos los miembros de sociedad.
Por lo tanto, está claro que la política laboral está anquilosada y dejó hace mucho tiempo de ser un instrumento útil, coherente, sistemático para crear empleo formal. Hoy, induce y fomenta precisamente lo contrario: el trabajo precario, sin protecciones sociales y con baja productividad. Frena la inversión privada que trabaja bajo las normativas oficiales y, por ello, trae la informalidad a todos esos trabajadores que buscan salir de su compleja situación económica pero no encuentran como hacerlo, incluso promoviendo sus pequeños emprendimientos, que terminan acomodados en la economía subterránea, cuando deberían ser el objetivo central de su incorporación a la sociedad moderna.
Es necesario reconocer las nuevas reglas de la economía moderna cuyo proceso de cambio acelerado de los sistemas de producción ha reducido la temporalidad de vida de muchos productos o servicios y por lo tanto requiere de una flexibilidad responsable y equilibrada entre derechos y obligaciones de trabajadores y empresarios. El replanteamiento de incentivos hacia esa convivencia equilibrada marca la cancha dentro de la cual debe encaminarse la búsqueda de la formalización de los trabajadores en un ambiente más seguro y amigable con la inversión, que es el único camino por el cual se puede transitar con algún grado razonablemente práctico de concreción.
3. El IESS no aguanta más. Merece una reforma integral, ¿cuáles deben ser a su juicio los puntos centrales?
Otra vez el país volvió a abusar del IESS. Ahora ahondados por la perdición ética de quienes fueron los encargados de dirigirlo, aupados o presionados por el desenfrenado poder ejecutivo que desdibujó sus objetivos.
Queda muy claro, que la primera premisa es la concerniente a “los derechos de propiedad y administración” de estos fondos sociales. Tal como se los tiene, nadie es dueño de ellos y el gobierno abusivamente dispone de la manera que le conviene. Entonces, la discusión empieza por precisar estos derechos, las responsabilidad de quienes los administran (totalmente independientes del gobierno), los costos de hacerlo, la forma de invertirlos, los resultados obtenidos, la transparencia de información y la presentación de informes oportunos de auditoría.
Aquí se suma el segundo precepto: transparencia total de información en tiempo real. Es decir, acceso a los datos personales de manera directa, permanente con explicación de los movimientos hechos en las cuentas individuales y los aportes comprometidos a los fondos colectivos o solidarios.
Todo sistema que no rinde cuentas es propenso al abuso de los recursos. Las cuentas confidenciales son el caldo de cultivo para las fechorías. Entonces, para empezar: precisión de derechos de propiedad (de lo cual se deriva toda la configuración administrativa) y transparencia en tiempo real.
Sin estos principios, cualquier configuración terminará siendo una decisión nuevamente fallida, con alto costo para el Estado, los afiliados y las empresas. Obviamente, si el sistema se diseña de manera eficiente y flexible (pues las condiciones de supervivencia, trabajo, salud cambian con mucha velocidad y requieren de ajustes inmediatos), el modelo puede ir adaptándose a esos cambios en lugar de convertirse en un escombro institucional.
Ahora bien, si no hay un cambio profundo en la política laboral, que reduzca de forma sustantiva la informalidad, el sistema de pensiones no tiene salida pues la relación de aportantes frente a jubilados lo vuelve insostenible. La tarea por lo tanto abarca un amplio espectro de temas interrelacionados que merecen ser considerados de manera armónica para construir y mantener sistema que tenga un horizonte más predecible.
Colaboración
Diario El Comercio
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