Inquietudes nacionales

El Ejecutivo remitió a la Asamblea Nacional dos instrumentos económicos importantes para apuntalar su programa: un proyecto de reforma tributaria y la Proforma 2022. Vamos en orden. ¿La reforma tributaria contempla los ajustes que había anunciado el Gobierno para viabilizar su tratamiento en el Legislativo?

Lo que vemos es el desmembramiento del proyecto original (enviado semanas atrás y rechazado por el CAL), que no se sabe cuantas partes llegarán a ser, pero con seguridad no menos de dos para superar la observación sobre el contenido y la constitucionalidad del proceso. El obstáculo ha sido superado y el organo administrativo de la Asamblea le ha dado el curso respectivo.

Sobre el contenido, la escencia de la propuesta original se mantiene, con cambios que precisan de mejor manera las fuentes sujetas a tributación, corrigen errores evidentes y marcan la progresividad con mayor fuerza. En lo relativo a las contribuciones ocasionales, simplifican las tablas de cálculo, reducen a un año las personales y duplican (dos años) las correspondientes a las empresas. El porcentaje personal máximo se mantiene en el 1.5% del patrimonio, pero la base de cálculo fue duplicada a un millon de dólares. En cambio, para las empresas se remplazó les ventas del 2020 por el patrimonio, con un mínimo de cinco millones, dos años de contribución y una tasa un poco superior (0.8%). Se incorporaron algunas deducciones como bosques nativos.

Cambió la tabla de rectificación de las declaraciones patrimoniales con una escala que parte del 3.5% y termina en el 5.5% del valor patrimonial de acuerdo a ciertas fechas límites para hacerlo.

Se mantiene la eliminación del impuesto a la herencia para hijos y conyuge, si es del caso, en tanto que la progresividad del impuesto a la renta de las personas se lo profundizó, con muy bajos efectos en los rangos inferiores de ingreso personal.

La definición de residencia fiscal se la precisa y obliga a quienes tienen negocios en el país ha realizar sus declaraciones tributarias.

En cuanto a la Proforma, el Ejecutivo había advertido que en los lineamientos del Presupuesto del 2022 ya se evidenciaría su Plan de Desarrollo Económico. ¿Tal como ha sido enviado el texto a la Asamblea se puede advertir eso?

El presupuesto es uno de los tantos instrumentos que forman parte del Plan de Desarrollo. La reforma tributaria tiene su parte al igual que la laboral, el código de la finanzas públicas, la normativa monetaria y todas aquellas que regulan algún campo del quehacer nacional. Por lo tanto, el análisis de la proforma debe enmarcarse en la atención de algunas de las premisas que busca cristalizar ese plan nacional, especialmente el dedicado a sostener un Estado confiable, que sea eficiente en el gasto, transparente en sus operaciones y más que nada equilibrado entre los ingresos y gastos.

La realidad presupuestaria ha creado rigideces que no pueden desmontarse de manera violenta, salvo que se quiera ocasionar un grave trastorno en lugar de corregirlo, por lo cual el problema complejo demanda un horizonte de solución que asegure su cumplimiento y ponga a todas las instituciones públicas enmarcadas en esa lìnea de gestión.

Eso se ve en este proforma, cuyos supuestos de comportamiento del país parecen razonales e incluso algo conservadores. El crecimiento de la economía luce un tanto pesimista pues si todo lo que está en marcha tiene espacio para cumplirse, no queda duda que el resultado del 2022 será superior (gobierno lo cree en el 2.85% de aumento del PIB). La producción de petróleo en cambio, refleja la situación actual pues no hay signos de recuperación ni se aprecia interés en los ambientes internacionales para colocar capital en riesgo ya que, la irrupción del tema ambiental demuestra efectos relevantes en varios campos, en especial el relativo a la energía. El precio del petróleo guarda compostura con una posición cuidadosa de manejo de recursos. Finalmente, la inflación tiene un comportamiento que sostiene un ambiente económico estable.

El cuadro general de resultados lleva a reducir el déficit global del presupuesto en un poco más de mil millones frente al esperado del 2021 (que también será menor) y eso sin tomar en cuenta el posible efecto de la reforma tributaria en curso. Según el gobierno, el balance entre gastos permanentes e ingresos permanente todavía tiene dificultades de cumplirse y ahí la tarea de seguir monitoreando los gastos, controlando los terminos de los contratos, evaluando la necesidad de ellos, mantiene su vigencia plena. Ni que decir de la transparencia.

Todavía no tengo un criterio sobre la corrección de las evidentes malas clasificaciones de gastos (que se arrastrtan desde hace años) y se utilizaron para evadir el cumplimiento de algunas leyes de control fiscal. Esta tarea tiene su parte en la limpieza de información y la corrección de datos, cuyas alteraciones emanan por lo menos del 2012.

Las necesidades de financiamiento, continuan la tendencia a su reducción y en la proforma aparece el monto de 9.768 millones de dólares ( 3.768 por el déficit y la diferencia por la amortización de créditos).

¿Los supuestos macroeconómicos del próximo año se ajustan a la realidad del país?

En buena parte ya contesté en la pregunta anterior. Sólo valdría reiterar algo que lo han dicho muchas personas y lo comparto: el país tiene que crecer a tasas sustantivamente superiores al 3% anual si quiere entrar en un proceso serio y sostenido de corrección de los problemas sociales. Con la tasa estimada en la proforma no se alcanza este propósito ni se endereza o cambia la estructura del mercado laboral. En ese sentido los planes deben ser más ambiciosos.

Colaboración

Diario El Comercio

05 /11/2021