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Inquietudes nacionales

1.- ¿Qué opina usted de la consulta minera que plantea el acalde Cuenca?

Los representantes políticos deben ser responsables del bienestar de su localidad, pero hacerlo sin dañar el de toda la sociedad. En este caso, la premisa no se cumple. Es más, la hipótesis que sustenta esta propuesta parte de una afirmación que no tiene fundamento actual, especialmente porque la inversión privada formal, organizada, debe cumplir la ley y respetar las modernas normas internacionales de preservación del ambiente y, especialmente la relativa a la no contaminación de los afluentes acuíferos.

La minería moderna, al igual que la petrolera, están regidas por leyes y principios de buen gobierno corporativo que no se las aplicaba cuando el Ecuador volvió a tener al petróleo como su gran proveedor de riqueza. Antes, las compañías dedicadas a estas actividades no respondían por daños ambientales y se les forzó a remediar los daños. Ahora, son temerosas de que alguien les acuse y pruebe su ineptitud, pues en todos los foros internacionales se les señala como “depredadoras ambientales” y su valoración de mercado en las bolsas de valores se va al piso y no hay banco que le preste un centavo. Recuerden los ataques a la construcción del OCP por la zona de Mindo sostenidos en temores infundados que, el tiempo dio la razón a la construcción.

Esto no ocurre con la minería ilegal, que destroza el ambiente, contamina de forma inmisericorde los ríos, incuba transacciones como el contrabando, el narcotráfico, el lavado de dinero.

El Ecuador debe ser muy estricto en sus normas de control ambiental, pero sería una suerte de suicidio económico y social desterrar estas actividades y perder los beneficios que traen, pues los instrumentos modernos de tecnología, de comunicación necesitan de minerales para su fabricación y, ese es el mundo del futuro. Es un mundo diferente al del petróleo, que lentamente se apaga.

El país requiere seguridad jurídica. Recrear confianza. Asegurar la venida de inversión que para producir genere empleo y deje divisas que alimenten la dolarización. La minería, el turismo, las exportaciones privadas de toda naturaleza son indispensables para tener un país mejor; pero si más allá de asegurar una conducta responsable a la inversión se la mantiene siempre con amenazas, la perspectiva de nubarrones en el horizonte seguirá siendo una dolorosa realidad.

2.- ¿Qué impacto económico tiene la caída de ceniza en seis provincias y la afectación a zonas agrícolas, ganaderas, al comercio y a la movilidad?

Es muy difícil señalar la dimensión de los daños ocasionados pues todavía están por determinarse las areas, productos, semovientes afectados, así como los potenciales efectos en la salud de quienes viven en esos sectores.

La primera impresión es de efectos muy acotados que, siendo importantes para los agricultores de las zonas, en términos nacionales no parecería ser de gran relevancia. Obviamente, el gobierno nacional y los provinciales deben asistir para remediar aquellos efectos que pueden restringir la movilidad de la producción.

Por experiencias anteriores, si las cenizas mantienen los componentes químicos conocidos de estos volcanes, los campos podrán beneficiarse del enriquecimiento de los suelos y la mejora de la productividad. Por supuesto, algo se dañará de la producción que recibió este impacto, pero no creo que debe crearse un falso ambiente de alarma nacional.

Como referencia, el Tungurahua lleva más de veinte años en actividad y las zonas aledañas ya aprendieron a convivir con esta amenaza. Al norte de la Amazonía, el Reventador también hace sus gracias de tiempo en tiempo y los vientos nos lo recuerdan. Hace poco el Cotopaxi le puso al centro norte de la sierra en pindingas (no se sabe cuando se vuelve a desperezar) y, antes el Pichincha despertó a los quiteños con sus bramidos. Esta realidad es parte de nuestra historia y vida cotidiana.

3.- ¿La situación topográfica del país puede ser un argumento para volver a plantear un fondo de ahorro y contingencia frente a catástrofes como inundaciones, terremotos, aluviones, erupciones y hasta aspectos de salud como la pandemia?

Todos los hechos que se señalan en la pregunta configuran la existencia de factores que son imprevisibles. Que ocurren más allá de las prevenciones que puedan instalar los seres humanos. ¿Quién sabe cuando ocurrirá un terremoto? Algo se puede presumir, pero no conozco de alguien que pueda precisar su ocurrencia. Lo que nos advierten los técnicos es la posibilidad de que en algún momento se haga presente. Señalan las zonas de mayor peligro en las cuales deben existir restricciones para vivir o establecer inversiones costosas. Nos sugieren la toma de ciertas medidas que mitigan los efectos. En fin, asesoran cómo deben prepararse y conducir las emergencias.

Por lo tanto, si una sociedad es previsiva, debe prepararse para estos eventos y disponer de recursos financieros que estén listos para ser usados de manera inmediata y, esos son precisamente los famosos Fondos de Estabilización.

Esta pandemia es además una seria advertencia a todo el planeta de cambiar sus paradigmas de desarrollo con medidas que reconstruyan los equilibrios naturales destruidos o mediante sistemas de producción muy severos en el cuidado del ambiente. Hay que desarmar la amenaza de una crisis ambiental que podría ser catastrófica.

No hay que olvidar los ciclos económicos, que existen desde las calendas griegas y salen a flote como una nueva piedra en el camino. Por todo esto, la ciencia económica recomienda trabajar con prudencia y previsibilidad estableciendo estos amortiguadores que se nutren en las etapas expansivas y usan para reducir los daños de las recesiones.

Colaboración

Diario El Comercio

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© 2020 por Alex C.