¿ESTAMOS BIEN O MAL?… ¿TAL VEZ ILUSIONADOS?
El título resume la incertidumbre que existe en muchos sectores de la economía nacional. Algunos la ven bien y promisoria. Otros sienten escalofrío al evaluarla y, no faltan aquellos que no les hace ni fu ni fa el tema. La confusión es parte de un mundo que trae más razones para preocuparse.
Tenemos claro algo que, hasta hace poco, no se precisaba: La dolarización origina estabilidad, pero no asegura crecimiento y, sin él, los problemas de fondo no tienen horizonte. Sin embargo, a primera vista hay razones de entusiasmo y esperanza. Algunos datos son prometedores: las ventas privadas aumentan cada año, las exportaciones privadas son un ejemplo de emprendimiento, el sector privado luego de muchos años finalmente logró ser superavitario en divisas, las reservas internacionales ofrecen tranquilidad por la capacidad de pago del país, la balanza de bienes y servicios luce sólida, la liquidez monetaria es cómoda y las tasas de interés han bajado, la inflación no es un problema, mejoran las recaudaciones tributarias. En resumen, parece que las cosas van bien.
Por fin el país entendió que los acuerdos comerciales, bien negociados, son instrumentos útiles y beneficiosos para generar empleo, demandar inversión y mejorar el crecimiento. ¡Hay esperanza! Además, reducen la discrecionalidad política tan dañina por su crónica desnaturalización de la política económica y, la enmarcan dentro de límites que mejoran la previsión y aclaran el horizonte. Los acompañamientos de los multilaterales hacen lo suyo y consolidan la línea de restricción positiva del libertinaje económico. En definitiva, cuando la política es mala, la mejor forma de mitigar sus daños es condicionar la conducta pública mediante compromisos internacionales que recuperen confianza interna y externa. La única excepción es el mal negociado acuerdo comercial con EE.UU. que ojalá no llegue a aprobarse.
Por supuesto, esto no significa que todo está resuelto. Cuidado en creer que lo que vemos es algo permanente. Es la epidermis de una economía cuyo modelo- dolarización- esconde los temas que condicionan la viabilidad de una sociedad confiable y atractiva. La agenda de aspectos pendientes es diversa y compleja, ha sido ampliamente difundida, pero el poder político la mira con desdén, incluso la desfigura para no atenderla. Igualmente, buena parte del mundo privado se endulza con los resultados del momento y actúa con un quemeimportismo que más tarde lo esconderá cuando reclame por los problemas que dificultarán su continuidad.
No hay orden de prioridad de los temas que nublan el futuro. Todos son vitales. Empezando por el papel del Estado, su estructura, la calidad de los servicios, la fragilidad de sus finanzas que son un dolor de cabeza y una amenaza viva. La deuda pública crece más rápido que la economía y avisa que pronto será nuevamente un factor perturbador de las relaciones internacionales. La energía vive al filo del despeñadero. No logra articular una gestión que asegure la viabilidad de las inversiones privadas, indispensables para cubrir la brecha de producción frente a una demanda que esconde consumos fraudulentos, administraciones ineficientes y un esquema financiero deficitario que nadie lo quiere enseñar.
Los hidrocarburos han perdido dinamismo y puesto al país al borde de convertirse en un demandante neto de sus productos, con una administración pública nada transparente que oculta déficits adicionales al subsidio de precios de los derivados. El sistema de salud es de mala calidad, carente de una política nacional pues el modelo actual es un hibrido descomunal, dentro del cual el IESS, en su campo de atención médica, tiene relevancia pues el ámbito de acción rebasó hace rato el campo de sus aportantes: los afiliados. Hoy es una Institución de atención gratuita desfinanciada.
El sistema de pensiones y el código laboral se hermanan en presentar una perspectiva severamente descompuesta, con enormes necesidades financieras que desbordan la capacidad de atención por parte del Estado y exigen cambios profundos so pena de llevarla a un punto con tremendo impacto social y económico, además del político. El empleo formal sigue atrincherado en un nivel incapaz de convertirse en un socio de la inversión y de la recuperación de las pensiones.
En fin, el cuadro lo cierran la inseguridad y sus tentáculos. Hoy los analgésicos nos hacen ver una situación razonablemente adecuada, pero si escarbamos un poco, los cimientos nos dicen que tenemos un horizonte con sismos que serán difíciles de resistir si no los reforzamos a tiempo.
Colaboración: Econ. Abelardo Pachano
Revista Forbes
16 de septiembre 2026
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