ESPERAR LO INESPERADO
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A este punto de reflexión hemos llegado después de ver tantos hechos escapados del sentido común que no demuestran cansancio o abatimiento pues se reproducen con mayor fuerza conforme pasa el tiempo. Ya son varios años en los cuales aparecen de pronto acontecimientos imprevistos que ponen en jaque alguna parte de las relaciones mundiales. Europa Central es un campo minado donde cualquier decisión que violente los compromisos contraídos encuentra justificación. Para muestra los cuatro años de la invasión rusa a Ucrania y el mundo sigue campante. Aún más, ya no se desafían sólo los acuerdos comerciales, se va más allá: el uso de la amenaza y la fuerza toma partido entre aliados y adversarios. Los instrumentos económicos son ahora “armas político-militares”. Y, nadie sabe dónde acabará todo esto, pero si siente o percibe que el mundo conocido ya es historia y, si hay vuelta atrás, será muy parcial y acaso frágil, además poco eficiente para mal del bienestar de todos los que vivimos en este planeta.
Por todo eso, no encontré mejor título para esta columna que exprese lo que siento sobre el convulsionado mundo de hoy. Esta frase que pertenece a Claudia Sahm, joven economista estadounidense, sintetiza la complejidad y delicadeza del momento, pues le lleva a definirla como “la más útil regla de la economía del momento”. La lógica, la racionalidad han sido desplazadas de forma abrupta por todo lo que ocurre alrededor del mundo. Son excepcionales las situaciones que siguen guiadas por la sensación de un planeta organizado, que tiene reglas y se las cumple. Los días amanecen con noticias que ponen los pelos de punta, abren enormes espacios para la especulación y el miedo. El resultado global que sale a flote de toda esta proliferación de incidentes inesperados es el de un futuro enrarecido, descompuesto, que se vislumbra con muchos interrogantes.
Las preguntas que nacen de manera espontánea son: ¿Por qué llegamos a esto? ¿Acaso, de pronto, se perdió la razón apabullada por un escondido afán de destrucción masiva? ¿Qué hay detrás de esta conducta?, conociendo además y, esto es lo más importante, que desde hace algunos años se viene construyendo un futuro basado en nuevas causalidades que penetraron con mucha fuerza y han puesto en primer lugar como factor de productividad al conocimiento tecnológico, por el cual han dado en llamar a este proceso irruptivo, pero ordenado, aunque sumamente agresivo como “La cuarta transición del desarrollo hacia la etapa del conocimiento”
Y, por ahí va la explicación pues la contienda por el liderazgo mundial ya no deja duda alguna. Se acabó la unipolaridad. Hoy se disputan con claridad EE. UU., el líder emergente desde la primera guerra mundial del siglo XX que desplazó a Inglaterra y China, que desde el 2001 decidió adoptar el modelo mixto de mercado típico de Occidente para recuperar el liderazgo que lo perdió siglos atrás, etapa en la cual aprovechó todas las ventajas que le ofreció el modelo -imperfecto de mercado- y le permitió usar instrumentos que desnaturalizaban el principio de comercio justo, pero que Occidente los toleró por cien mil razones y hoy ve con “un asombro lioso” la existencia de un poderoso competidor.
La geopolítica parece una gelatina que no puede sostener las relaciones y la geoeconomía trabaja en un terreno pantanoso que ha elevado los riesgos pues casi toda la estructura creada para compartir los beneficios del crecimiento y desarrollo, hoy se encuentra en interdicción. Así está todo y por supuesto sufre la convivencia. EE.UU. se defiende y demuestra el poderío que tiene en los mercados, en la prevalencia de su moneda, en la profundidad de su sistema financiero, en el tamaño de su mercado interno que en conjunto le ofrecen una ventaja indiscutible frente a China que carece de esos privilegios y no demuestra capacidad para sustituirlos. En cambio, dispone de materias primas críticas para el desarrollo de la tecnología, dispone de una estructura energética más equilibrada y aprovechable, aunque depende mucho de sus exportaciones pues su consumo interno es débil. EE. UU. por su lado tiene mayor libertad frente al comercio exterior, pero busca cubrir su brecha energética y de minerales, para lo cual no guarda compostura en la forma de conseguirlos, por lo cual “arde Troya” y todo instrumento que encuentre y sea útil -incluso violento- lo pone en la mesa de las decisiones posibles. Y, esto seguirá más o menos así hasta que los dos adversarios logren entenderse y ojalá lo logren sin llegar a mayores.
Colaboración Forbes
Econ. Abelardo Pachano
26 de mayo del 2026
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