El mundo se reconfigura, pero tomará mucho tiempo. - Revista Forbes
- finanviewweb
- 12 ago
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Recorremos el tercer trimestre de un año pletórico de hechos fulminantes. Lo que pensábamos en los primeros días sobre cómo sería este tiempo en nada se parece al que hoy vemos y posiblemente terminemos con una perspectiva aún diferente. Así son los caldos de cultivo de la incertidumbre que traen nimbos al horizonte. Prácticamente no hay un día exento de algo que nos impresione. Sin duda, este año pasará a la historia como el de las señales iniciales de una reconfiguración económica-política del planeta con cambios en todo tipo de relaciones. Unas al interior de los países propias de su evolución y, otra marcada por la metamorfosis que saldrá de los arrebatos políticos que buscan reconstruir una realidad soberana, absoluta e imperial perdida hace mucho tiempo.
El Medio Oriente es un volcán activo que derrama su furia con singular e indefinido esfuerzo. Rusia sueña recuperar lo perdido. Usa la fuerza y el chantaje para volver a ser el imperio que terminó implosionado. Europa se arma ante las amenazas y pierde la certidumbre en su principal socio. En Asia hay temas candentes. Por si fuera poco, China y EE. UU. se engarzan en una lucha por la futura hegemonía y llevan al mundo-por contagio- a un proceso de destrucción de las bases que permitieron compartir el bienestar creado en los últimos 200 años. Ahora, la incertidumbre conspira con la seguridad y confianza vitales para construir bienestar y marca un camino fragoso por la expectativa de los daños bosquejados del enjambre de desentendimientos, a los cuales se suma la multiplicación de una economía subterránea global, en la cual se incuban transacciones con productos degenerativos de la salud de millones de seres humanos con su consecuente y draconiana violencia.
La democracia tiene severas dificultades en sostener sus pilares y sin ella la economía de mercado pierde vigor. La urgencia por alcanzar metas de un mundo acelerado con tensiones incubadas, han llevado a la política a una degeneración cualitativa y al aparecimiento de modelos de gestión reñidos con los valores y principios que adornan la libertad con responsabilidad. La amenaza que parecía distante en el tiempo ya es una realidad, incluso en el mundo de economías avanzadas. Con dificultad se mantienen de pie el imperio de la ley y los acuerdos internacionales, ambiente que corroe la potencialidad de un mundo con oportunidades compartidas
Hasta hace poco nadie con fundamento razonable dudaba del valor del dólar ni ponía en duda la confianza en la economía de los EE. UU. En apenas 180 días, aparecieron los dos temas cuyo tratamiento llena todos los días los espacios noticiosos. Por eso, y precisamente por las ventajas que se construyeron a favor de esta moneda que agrupa al 90% de las transacciones mundiales, casi el 60% de las reservas internacionales, que recibe el mayor aporte de la inversión externa del mundo y le financia su déficit fiscal, es difícil entender la razonabilidad de las reformas impulsadas por su gobierno pues de ellas salen, casi en su totalidad, resultados que agreden precisamente estas ventajas o privilegios que le sirvieron para consolidar su liderazgo en el siglo XX y lo que va del XXI.
La historia nos dice que así son las transiciones: tiempos de enormes malestares por las luchas del poder económico. Parece que la unipolaridad ya llegó a su cenit y va camino hacia una realidad multipolar que demanda renunciamientos dolorosos a ciertos réditos que ya no son sostenibles, pero que luchan por defenderlos. Obviamente, el horizonte de cambio será largo. No es un tema de mañana o el próximo año. Recorrerá varias décadas hasta consolidar una estructura estable, con reglas razonales que organicen una convivencia aceptable.
Por supuesto, lo dicho antes parte de la hipótesis sobre la continuidad de este mundo volátil que resuelve sus diferencias en base a pretensiones políticas en lugar de sustentarlas por las capacidades constructivas que, como nos enseña la historia, consiguen mejores niveles de bienestar y competitividad mediante el cultivo de la productividad, dentro de la cual tiene rol vital la educación creativa formada para incorporar nuevos bienes y servicios producto de la investigación y el desarrollo. Y, claro, aquí radica la dificultad real de estas pretensiones, pues el capital humano disponible en el planeta fue capaz de construir un sistema de comunicación global acompañado de tecnologías de punta que son el corazón del mundo sustentado en la interdependencia estructural como resultado de una globalización ordenada y conceptual. ¿Triunfará la ley de los fuertes o la que reconoce al de los preparados? Se aceptan apuestas.
Colaboración
Economista Abelardo Pachano
Revista FORBES
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