Cooperación y desprendimiento

Mientras en el país el canibalismo político destroza sin piedad el futuro, el mundo está en una transición crítica que exige particular atención ya que la cuarta revolución industrial (que podemos llamarla del “tecnohumanismo”) se bate con una realidad social y económica que ha puesto en una esquina, muy golpeada y con fuerzas debilitadas, a la libertad y la democracia.


Por ahí juegan los vientos de la geopolítica mundial que se acercan peligrosamente a la categoría de un huracán y conjugan un panorama neblinoso para las relaciones internacionales. A los retos de la democracia, que se defiende patas para arriba con lo que tiene y cree y, al de los mercados producto de la pandemia, la invasión de Ucrania con la ruptura del orden internacional, aparecen inéditos frentes que hoy lucen como cisnes negros: síntomas de la recreación de un moderno muro de Berlin, conocido o tildado como “el muro tecnológico”que empieza a ser un divisor de aguas en la lucha por su hegemonía. Con él, en esta cuarta etapa del desarrollo industrial que descansa precisamente en esta nueva forma de crear riqueza, dan sus primeros pasos los signos de rompimiento de la “economia globalizada” por la de una organización fragmentada que estará anclada a sistemas políticos comparables y confiables. Aún más, con propensión casi suicida hacia nacionalismos aventureros, autoritarios y corruptos.


El futuro siempre es propenso para la especulación; algunas veces, para bien o para mal, nos sorprende; ahora, por todo lo que se puede ver (que no es mucho) marcha por una frágil cornisa que contiene una multiplicidad de aristas y dilemas cuya solución sólo podrá conseguirse con mucha cooperación y mas que nada desprendimiento (que hizo mucha falta en la pandemia) antes que mediante la profundización de grietas producto de vendettas políticas, incomprensión de la realidad, carencia de ética o defensa utilitaria de intereses personales o de grupo.






Colaboración

Diario El Comercio

30 de septiembre del 2022