Asumir responsabilidades

A nadie le gusta pasar por una crisis. Son temporadas inevitables por la forma como se llevó adelante decisiones, no se escucharon los consejos, se abusó del buen momento. En fin, por cien mil causas, existen y hay que enfrentarlas. El lado bueno que brota está en la oportunidad de reconocer los errores y tener verdadero afán de enmienda pues la historia no debe repetirse. Ahí se ve el empuje, las ganas de salir adelante y abandonar el tiempo de amarguras.

Eso pasa con las personas, las familias y ocurre con las sociedades. Las familias sufren. Los países también. Pero, si se insiste en buscar la culpa en un tercero, nunca se encontrará una solución verdadera, durable. Sólo se conseguirá convertirse en un parásito que necesita de alguien que le de vida y haga el trabajo que le corresponde. Por eso, el país debe ser como el emprendedor quien hace precisamente todo lo contrario: un ser con vida que busca oportunidades. Que no se da por vencido. Que mira lo hecho, asume los errores y corrige su conducta. Es un buscavidas.

En la historia se ve como unos países no se doblegan a pesar de tanto problema, replantean sus objetivos, se agrupan para salir adelante. No miran las costuras sino los resultados que buscan. Son sociedades construidas sobre el respeto a la ley, que cultivan la honestidad, viven con ella, tienen valores. Mientras otros, en lugar de enfrentar la realidad cierran los ojos, desconocen lo bueno que se hizo, incuban venganza en sus planteamientos, buscan el desquite aún a costa de su propio bienestar, engañan y viven de la mentira.

La democracia, si se la quiere defender obliga a actuar con honestidad, cumplir las obligaciones del contrato social para luego reclamar derechos. Por eso la corrupción no es una deformación que se circunscribe exclusivamente a las relaciones económicas del Estado con las actividades privadas, sino a la conducta integral de cada miembro de esa colectividad. Empieza por faltar a la verdad y termina justificando cualquier acto, sea de gestión pública o privada. ¨Todo sirve” es el lema. La ética es tan desconocida como la física cuántica, patrimonio de pocos.

De ahí que, a las crisis se les enfrenta con la verdad, con metas entendibles y objetivos compartidos. Alterar los hechos es una forma de corrupción que hace daño y destruye un camino de solución. Esta lacra corroe la democracia y la convivencia. Rompe los cimientos de valores y crea ese ambiente revanchista anarquizante. No se puede vivir de la mentira, desconociendo responsabilidades para evitar las debidas sanciones, ni con la complacencia hacia el ladrón. El deshonesto intelectual también es un corrupto que propicia crisis.

Colaboración

Diario El Comercio

07/07/2021