Anquilosados

Al mirar lo que pasa en nuestro conglomerado y la que pasa en el mundo, especialmente lo que acontece en Afganistán, parece recomendable recordar las tres realidades rectoras del mundo que, según Roberto Padura, en su libro “Como polvo en el viento” son el corazón del pensamiento budista: 1.- Todo cambia sin cesar o, dicho de otro modo, nada resulta permanente. 2.-Nada tiene una esencia perdurable que, también se lo puede decir: ningún estado tiene existencia perpetua. 3.-Nada, nunca llegará a parecer totalmente satisfactorio.

Así es el mundo y así viven quienes participan de su existencia: en un permanente proceso de cambio e insatisfacción que relativiza las categorías y esos son los fundamentos que las civilizaciones necesitan comprenderlos para marcar sus acciones. Lo que vimos ayer posiblemente ya no es aplicable a la realidad de hoy, y lo que hoy vemos con seguridad será irrealizable o por lo menos cuestionable en los tiempos por venir.

Ernesto Ottone, reconocido politólogo chileno, al analizar lo que ocurre en su país, en una columna que la llamó “Palabras para oídos jóvenes” camina por el mismo sendero y va un poco más allá cuando, en otras palabras recoge las experiencia de los de su generación y precisa que quienes tenemos un recorrido de vida hemos visto como muchas versiones categóricas que llegaron para quedarse mil años sólo duraron unos pocos años, experiencia que lleva a poner sobre la mesa del debate público que la mejor manera de progresar y resolver problemas es mediante la búsqueda de consensos.

Lo precisa más cuando afirma que al mismo tiempo de expresar convicciones, la indagación de caminos debe partir del compromiso de hacerlo por aquel en el cual quepamos todos.

La violencia, la amenaza, el insulto, la confrontación irracional, el desconocimiento de hechos contrarios a la moral y la ética no son los elementos que construyen futuro. Lo destruyen. Soluciones forzadas y no conseguidas por el peso de los argumentos, son efímeras y hasta contra indicadas. Insistir en visiones permanentes de momentos que ya pasaron a la historia sólo confirman esa falta de comprensión de la evolución endémica de las realidades y de la necesidad de entender los nuevos paradigmas que la guían en cada momento.

A los talibanes los vemos de esa forma. Grupo de gente dogmática que se quedó en el mejor de los casos en la edad media y se niega a reconocer las normas y valores del mundo moderno. Pero no son los únicos. Por acá también hay muestras de igual radicalismo con posturas que niegan la realidad, son excluyentes y creen que con la violencia doblegan las relaciones sociales, políticas y económicas creadas con mucha perseverancia por décadas de trabajo y búsqueda de bienestar basados en la convivencia, la libertad y la ley.

COLABORACION

DIARIO EL COMERCIO

20-08-2021