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Inquietudes nacionales

¿Cómo mira el acuerdo multipartidista alcanzado al interior de la Asamblea Nacional?


Con optimismo pues revela la existencia de dirigentes políticos que buscan acuerdos sobre objetivos concretos vinculados con el quehacer del país. Los temas comprometidos tienen trascendencia por la configuración de un mejor marco de acción política, bajo la corrección de algunos de los más complejos problemas socio-económicos. Me explico:


El primer punto vinculado con la revisión del papel del Consejo de Participación Ciudadana ofrece un camino de solución a uno de los tantos desaguisados políticos que constan en la constitución de Montecristi. No es el único, pero sobresale por su enorme capacidad de manipuleo para desnaturalizar el régimen democrático. Otras agrupaciones políticas deberían sumarse al compromiso para ponerlo en vigencia y acabar con este sida político.


Los puntos 3, 4 y 8 configuran la agenda económica de este grupo que consiguió modelar una mayoría legislativa. Son tres pilares (laboral, fiscal-institucional monetario y de pensiones) que al ser atendidos con la seriedad y consistencia que la política económica lo requiere, pueden ofrecer un marco renovado para el mejoramiento de las perspectivas sociales; más que nada, de las posibilidades de ofrecer una programación económica mucho más cercana a las necesidades que forman parte de esta cuarta (o quinta, según como se la clasifique) revolución industrial: la del conocimiento.


El acuerdo fue una grata sorpresa para el país. Hicieron un buen trabajo gobierno y los frentes políticos involucrados. Ojalá no se avinagre en su aplicación conociendo la fragilidad de las palabras políticas empeñadas, pues las temáticas son de alta complejidad con enorme sacrificio político de corto plazo, pero de incalculable valor histórico si se convierten en las herramientas que enmarcan las decisiones políticas en estos campos de acción.


En pocas palabras, si el acuerdo consigue introducir normas que impidan el manejo arbitrario y desequilibrado de los recursos públicos, con reglas de estricto cumplimiento y sanciones ejemplificantes a quienes las pretenden vulnerar; con un Banco Central que recupera sus facultades de tercero creible para la política económica; y, disposiciones laborales que equilibran las relaciones del trabajo y el capital bajo principios de acuerdo bilateral cobijados en los derechos laborales conocidos, el horizonte podría ofrecer niveles superiores de bienestar a muchos de los que actualmente viven en la precariedad.


Pese al mejor entorno externo e interno, el riesgo país de Ecuador se mantiene sobre los 550 puntos. Por qué, si en enero del 2018, cuando las autoridades de Finanzas tenían una línea correísta, el riesgo país llegó a 430 puntos?


Qué fragil es la memoria nacional. Por eso algunos “sapos” le han desvalijado al paìs. Recordemos unos pocos datos. Desde el inicio del gobierno del socialismo del siglo XXI algunos episodios bochornosos marcaron la opacidad (¿irregularidad?) de las operaciones financieras internacionales. El resultado fue el aumento del riesgo país (en ese entonces denostado por el gobierno) que pocas veces estuvo por debajo de los 600 puntos. Es más, podría decirse que estuvo más cerca de los 1 000 puntos y en su apoteosis alcanzó su máximo histórico en diciembre del 2008 cuando arribó a los 5 070 puntos como respuesta de la costosa e impertinente decisión unilateral de declarar ilegítima una parte de la deuda externa. De ahí en adelante, fue imposible conseguir que baje del rango entre los 700-800 puntos. Por lo tanto, la cita de enero del 2018 no es representativa de este tipo de polítca económica. Sería una falacia usarla como muestra. Es un punto que tiene algunas explicaciones. El precio del petroleo venía en aumento (50% en pocos meses), había apetito con un costo muy caro en los mercados por papeles del gobierno (se cobraban los daños hechos antes), no se iniciaba el cambio en la política de tasa de interés y de la expansión del balance del FED de los EEUU, los emergentes gozaban de una buena salud, el mundo recuperaba su aparente normalidad y había un nuevo gobierno nacional que daba señales políticas de romper la linea del anterior.


Conforme avanzaba el 2018, las cosas en el mundo se fueron matizando, en especial para Amèrica Latina que vió en conjunto aumentar los márgenes de riesgo, de los cuales no escapó el país. El gobierno se demoró en entender lo que ocurría y dejó que los desequilibrios avancen (el riesgo regresó a los 740 puntos en mayo). Ahí recién se dio cuenta de los peligros y modificó su línea de gestión. En eso, EEUU cambió la política monetaria. Inició el reajuste de las tasas de interés y de su política cuantitativa, que en conjunto encarecieron el endeudamiento y mejoraron la rentabilidad financiera del mercado domestico de ese país. Los flujos de capitales a las economías emergentes empezaron a verse restringidos y por ende aumentaron los indices de riesgo.


Ahora, el indicador ha vuelto al rango de los 550-570 puntos (bajó más de 200 puntos), pero sigue siendo insatisfactorio para el país. Tomará tiempo llevarlo a niveles cercanos al de los vecinos y, eso, además, dependerá de la consistencia y perseverancia de la política económica.


Existen trabajos que explican la causalidad de este indicador: deuda externa, déficit fiscal, términos de intercambio, seguridad jurídica, historia de cumplimiento de obligaciones. En definitiva capacidad de pago y confianza en la actitud de cumpimiento de las obligaciones. Casi todas lastimadas por el largo gobierno de la década desperdiciada.

Colaboración Editorial

DIARIO EL COMERCIO

25 de mayo 2019

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