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Inquietudes nacionales

¿Cómo debe recibir el Ecuador el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional?


Con responsabilidad y afán de enmienda. Dispuesto a cumplir su compromiso para construir una historia distinta a la que acarrea después de tantos hechos que le han creado una imagen de “país poco confiable”, cuyo reflejo evidente e incuestionable es el enorme riesgo con el que le califican los mercados internacionales. Es el segundo más alto de la región, cuyo campeonato (poco honroso) es inalcanzable al tener a Venezuela batiendo todos los records, pero muy pegado a Argentina, que también hace lo posible por salir de esta tranquera.

A esto llegó el gobierno dos años después de su inicio. Y las razones para hacerlo debemos entenderlas como el reconocimiento paladino de su poca capacidad para seguir solo por el camino de solución de los problemas. Finalmente comprendió su destino y buscó el tipo de apoyo que le puede sacar de la enredadera existente.

Este tipo de acuerdos son, que duda cabe, la confirmación de las advertencias realizadas con insistencia sobre la inviabilidad de las políticas económicas dispendiosas, desequilibradas, irresponsables, que se creen capaces de vencer la racionalidad de la conducta de los seres humanos y los agentes económicos, imponiendo decisiones que destruyen el necesario ambiente de seguridad y confianza, compatible con las etapas de mejora del bienestar colectivo.

Durante más de 10 años se insistió en destruir todo lo establecido, pues nada valía y era indispensable traer de vuelta las viejas y fallidas ideas de sostener el futuro en base a un Estado goloso, empachado, obeso. Así que, lo que vive el país era algo esperado. Era cuestión de tiempo para que explote, que para fortuna nacional se logró evitarlo pues la dolarización hizo de un gran dique, que resistió tantos oleajes. Esto no quiere decir que no existen daños. Los hay y numerosos, además de complejos y, ahí están las tareas para remediarlos. Hay una etapa por transitar dura, de poco crecimiento (si lo hay), pero con esperanza de subsanación.


¿Qué parte del acuerdo supone los compromisos del país por sacar adelante la economía y mejorar su calidad y cuántas de esas normas son impuestas, como algunos creen, por el FMI?


Si el gobierno no está firmemente convencido de las bondades del programa, que según sus propias declaraciones son de su iniciativa, el plan no tiene horizonte. Algunos todavía creen en las imposiciones de condiciones (como otros en brujas) en lugar de la consistencia de los programas.

Si el Ecuador no cree necesario cambiar de rumbo, tiene toda la libertad para hacerlo. Es su responsabilidad y sería el resultado nuevamente de una mala entendida soberanía económica, dentro de un mundo interactuante, que mueve enormes cantidades de recursos de acuerdo a los incentivos que encuentra, donde se ha podido superar esas anquilosadas visiones de lucha entre el capital y el trabajo sustituyéndolas por relaciones proactivas de encuentro de conveniencias compartidas.

Sólo es cuestión de ver quienes han recuperado bienestar y quienes siguen desperdiciándolo. Comparen lo que era Europa Central y Oriental y lo que es hoy. Exploren la que fue Cuba y lo que hace hoy para sobrevivir. Venezuela y Nicaragua, dos países que dicen defender su soberanía y destrozan lo que pudieron crear con dificultad. Por esa ruta se encaminaba el Ecuador y para fortuna está de salida (con muchas dificultades, pero haciendo esfuerzos que merecen valorarse). Por eso, sería imperdonable perder esta ocasión.


¿Cómo lograr consensos para que se aprueben las leyes que se requerirá en la Asamblea, qué hacer con el empleo y que rol le compete a la empresa privada?


Salir del embrollo sin un razonable nivel de apoyo no será posible. Precisamente, algunos acuerdos firmados anteriormente fracasaron por ello. Es hora de buscar un gran compromiso nacional. Los 4 Pelagatos lo vienen proponiendo, para fijar pilares de larga duración y enorme resistencia, en este caso económicos, que no puedan alterarse cada vez que ingresa un nuevo gobierno. Líneas de acción convertidas en políticas de Estado que se las defienda por su enorme vínculo precisamente con la generación de empleo y el trato estable y razonable a la inversión privada, que son los socios del bienestar y no los enemigos de antaño.

Las reformas estructurales, conceptualmente anunciadas hacen mucho sentido y pueden convertirse en un punto de quiebre de la línea abusiva de utilización de los recursos públicos.


¿Debe disminuir el rol de los empleados del Estado y sus empresas, hasta que medida y con qué velocidad?


El rediseño de las instituciones públicas debe ser resultado de la definición del papel del Estado en la economía y la sociedad. Dejar en claro que hace y que no. Cómo lo hace y de que forma rinde cuentas.

De ahí saldrá el nuevo tamaño, los recursos indispensables para cumplir su papel y todo lo que debe dejar. Será indispensable fijar parámetros de costo de sus servicios compatibles con niveles de eficiencia. Y todo esto implica racionalizar la planta de servidores públicos. Tener menos personas, mejor capacitadas con mejores remuneraciones y responsabilidades evaluadas.


¿Vendrán nuevos ajustes en cuanto a la rebaja de más subsidios?


La racionalización de estas políticas será un proceso inevitable. La desproporción y el destino de la mayoría de estas ventajas son un fardo fiscal muy pesado, que además no corrige ninguna inequidad.

Colaboración

Diario El Comercial

Marzo 02 del 2019

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