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¨Si queremos que todo siga..."

¨como está, es necesario que todo cambie¨ Esta célebre frase gatopardiana me vino a la memoria al mirar la forma como se explica la existencia y la solución de la crisis por la que atraviesa el país. El daño, en la epidermis, parece ser modesto. Es además circunstancial, imprevisto y de duración casi efímero. Parece que la mala suerte vino de repente y no hay culpa en lo que ocurre. Nos iba tan bien… Sin embargo, para mantener el rumbo, hay que ofrecer un cambio.


El gobierno ve necesario demostrar apertura para corregir ciertas cosas. Acepta el diálogo y los empresarios tienen acceso para explicar sus anhelos. Se habla de 37 propuestas, pero pocos las conocen. El ejecutivo las mira con buenos ojos. Ofrece atenderlas. Pero, no se escucha el debate de los temas de fondo. Claro que son convenientes los arreglos operativos y una mejor gestión del gobierno. Pero por ahí no camina la solución de las dificultades actuales.


Se expide un decreto sobre el Régimen de Colaboración Público-Privada. Es otro acercamiento a los empresarios. Pero las reglas de política económica siguen intactas. No se lo hace por convicción, sino necesidad. Quién querrá invertir en esas condiciones. No parece un camino que aproxime los intereses de las partes. Algo se podrá conseguir. Igual pasó con la ley de promoción de la producción. Concretó poco y terminó imponiendo más impuestos. Además, dañó el mercado de capitales.


Se minimiza el impacto fiscal. Con un pequeño ajuste en gastos ya está resuelto. Nadie habla del enorme problema del tamaño del Estado. 45% del PIB. Se sabe que es insostenible (hay que ver lo que pasa Europa), pero ese no es tema de conversación pública. Los efectos en Petroecuador y Petroamazonas tampoco se los mira. No existen.


En la balanza de pagos se cree que las salvaguardias arancelarias cubren el problema. No se hacen las cuentas para comprobar aquello. Se desconoce cuánto caerán las importaciones. De seguro que no son los 2 200 millones de las partidas escogidas. Si no cierra la brecha el país tendrá menos dólares. Se busca más endeudamiento y las cifras son enormes.

El mercado financiero mundial ya no está entusiasta. Mira para otro lado. Cobra caro, bastante caro ciertamente, por lo que presta. Y no se expone mucho. El riesgo del país si existe. No era un mito ni un invento. Los amigos chinos también ponen condiciones y no se muestran muy alegres. De seguro que prestarán más, pero no tanto como antaño.


Ahora se añora los equilibrios macroeconómicos. El silencio público es elocuente. Incluso la naturaleza, perdón madre naturaleza, sabe que sólo es respetada por una política fiscal prudente y responsable que no desborde a la sociedad. Y ese cambio de fondo, que si cambiará al país, no está.


Colaboración

Editorial Diario EL COMERCIO

27 de marzo del 2015

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