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Cadenas rotas

Los comentarios sobre el problema mundial abundan. Hay varias interpretaciones de lo que ocurre. Lo cierto y en lo que todos concuerdan es que las cadenas de funcionamiento de la economía están rotas. Y eso, para decirlo en términos sencillos se lo ve en la conducta de los consumidores y en la disponibilidad de crédito que están retraídos. En ambos casos la confianza camina por niveles muy precarios. Se siente inseguridad. Hay incertidumbre y ahí la gente se protege, cuida su patrimonio y agrava el problema.


De esta forma se quebraron los equilibrios fundamentales en los que se soporta la economía. Sin consumidores, los productores no tienen que hacer. Sus inventarios se acumulan y con ello las posibilidades de seguir en el negocio se achican. Aparecen las decisiones de reducir jornadas, cerrar ciertas áreas, aliviar los costos, comprar menos materias primas. El ciclo de destrucción de bienestar se retroalimenta, pues los proveedores de bienes básicos tampoco venden y hacen lo mismo que los otros. Y así sigue la cadena. En definitiva hay menos ingresos, menor producción y menos trabajo.


Pero el problema no queda en el mercado interno. En un mundo globalizado y bastante abierto, la contracción en las compras afecta fuertemente las exportaciones y eso multiplica la complejidad porque el comercio mundial representa el 55% del PIB y el financiamiento con recursos internacionales supera el 130% del mismo indicador. De ahí que pensar en concentrar el consumo en bienes nacionales, como ya lo dije en esta misma columna, es ilusorio y contraproducente. Puede llevar a muchos países a hacer lo mismo o a tomar actitudes retaliatorias, que miradas en perspectiva, nos obligaría por ejemplo a comer bananas de desayuno, almuerzo y merienda para no botar la producción ni echar afuera a los trabajadores. El camino no es gastar menos, sino gastar mejor.


De otro lado, sin acceso al crédito porque los sistemas bancarios están descapitalizados e ilíquidos por la confianza perdida, aparece la otra cadena, la de financiamiento que estrangula al mundo productivo y colabora para la reducción del consumo. Aquí se ve, con dolor la valía de la sentencia tan temida: no hay crédito más caro que el que no existe. Y eso ya es historia de varios meses en los mercados internacionales.


Combatir estas dos causas que producen desempleo y recesión son los objetivos de los intensos programas de recuperación de la confianza y credibilidad en los que se encuentran embarcados casi todos los gobiernos del mundo. Conseguir que los consumidores regresen a los mercados, lograr que las empresas vuelvan a invertir, a contratar trabajadores y tengan posibilidad de financiar sus operaciones. Es decir romper ese proceso de destrucción poniendo otra vez en actividad equilibrada a las cadenas rotas.


DESTACADO


Recuperar la confianza y credibilidad es indispensable para combatir las causas del desempleo y recesión.



Colaboración

Editorial Diario EL COMERCIO

Abril 1 del 2009

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