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Vuelven los sofismas

En la vieja y sabia Grecia durante la etapa de su esplendor intelectual cuando florecieron las conocidas escuelas de pensamiento filosófico clásico, también se incubaron pensadores que tuvieron la virtud, si ello cabe, de construir o deducir conclusiones sobre la base de premisas falsas. Ahí nacieron los sofismas que han servido de escudo para sostener tesis que en su apariencia lucen nítidas, casi convincentes, y que permiten justificar o explicar decisiones controversiales pero carentes de valor y alejadas de la verdad.


A lo largo de los siglos el mundo ha conocido de innumerables casos vinculados con el poder político y otros atravesados por dogmas que inutilizan la razón. Los períodos de angustia colectiva que reducen la capacidad de razonamiento, han servido para el florecimiento de estos procesos.


En la economía, la discusión formal sobre la validez de los supuestos que sustentan una escuela de pensamiento ha topado este campo minado del razonamiento y en no pocas veces se ha podido comprobar la inutilidad de ciertas teorías. El tiempo, antes que la propia discusión teórica ha sido el crítico implacable y cruel de su vivencia. Por eso hoy, el mundo intelectual, académico y de investigación ha objetivizado sus hipótesis tratando de comprobar que se sustentan en la conducta racional y colectiva de una comunidad.


Las afirmaciones categóricas, las tesis fijas e incontrovertibles dejaron de ser parte del pensamiento económico. Ahora, toda deducción parte de la interpretación práctica, real del mundo. De la forma como cada persona actúa, reacciona, se defiende y no de la forma como lo quieren hacer ver los gobiernos. Por eso, las sociedades triunfadoras, que alcanzan mejores niveles de bienestar, que corrigen sus inequidades son aquellas que van de la mano con el razonamiento humano, que lo respetan y que resuelven los problemas de la comunidad en un marco de libertad.


Por ahí camina la tarea diaria y por supuesto no es fácil ni se consigue lo que se busca sin sacrificio, y es en ese trance en el que florecen las dudas en donde encuentran tierra fértil los sofismas. Pero ahí también es necesario el debate abierto, colectivo, amplio para detectar las inconsistencias, las ideas o metas ocultas que se incuban en estos razonamientos que buscan un lenguaje complejo, difícil de entender como mecanismo de defensa en procura de impedir el descubrimiento de la tesis falsa,


Y esto se ve en los artículos que propone la mayoría de la asamblea para definir la organización económica de nuestro país. Los conceptos expuestos no definen el camino de la sociedad del futuro, sólo ponen acentos en lo que se debe repartir y no en cómo producir bienestar. Ni siquiera hablan del respeto a la libertad y peor del apoyo a la iniciativa individual. Tienen miedo de mencionar el concepto mercado y con ello ponen un interrogante sobre el papel del estado en la sociedad.


Parten del sofisma de que el Estado dirige, controla y regula la economía. La vieja teoría de lucha de clases que obligaba a la existencia de un estado dirimente ya no existe. Fracasó. La economía es producto de la relación equilibrada y respetuosa de trabajadores, empresarios y Estado. Sin preponderancia de ninguno. Hoy las partes son socios del desarrollo. No todo pasado es mejor.


DESTACADO


La economía es producto de la relación equilibrada y respetuosa de trabajadores, empresarios y Estado.



Colaboración

Editorial Diario EL COMERCIO

Abril 29 del 2008

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