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"Ven la paja en ojo ajeno...

Y no la viga en el propio”, es el texto bíblico (Mateo 7:3) que recoge con certeza la inconsistencia entre lo que se dice y lo que se hace.


Así luce la postura de los presidentes de Irán y Venezuela cuando calificaron al dólar de “papel sin valor” y sugirieron a la OPEP que el euro lo sustituya como moneda de referencia para el comercio del petróleo. Esta posición hasta podría tener sentido si estos presidentes hubiesen actuado con responsabilidad en el cuidado del valor de cambio de sus propias monedas y con ello protegido el patrimonio de los ciudadanos de sus países. Sin embargo, su propia indisciplina monetaria y dispendio fiscal ha carcomido el poder adquisitivo de ellos, como ocurrió con nosotros.


¿Acaso la depreciación del 25% experimentada por el dólar americano desde la introducción del euro a comienzos de 1999 hasta el mes pasado justifica la ocurrida, en términos de euros, de más del 550% del rial iraní o del 360% del bolívar venezolano?


¿Acaso lo sucedido con el dólar justifica el 19% de inflación observada en Irán, la más alta entre los países del medio oriente, o el 17% en Venezuela, la más alta de América Latina y casi tres veces el promedio regional? Y, esto sin tomar en cuenta que aplican controles de precios que esconden la realidad del costo de vida de sus pueblos.


Es un hecho cierto que desde hace rato se ha argumentado sobre la necesidad de corregir el exagerado consumo y endeudamiento externo de los Estados Unidos, aunque era difícil prever la magnitud del ajuste de su moneda. En las semanas pasadas hemos visto cómo el agitado ambiente político en el medio oriente ha elevado el precio del petróleo a un nivel que, podría llevar a un ajuste en el consumo y lo que es más grave en el ritmo de actividad más rápido de lo que se esperaba. En ese sentido, una probable contracción de la economía mundial es ciertamente más preocupante que la reciente depreciación del dólar, puesto que una crisis en los países industrializados que signifique menos consumo y con ello menos importaciones, probablemente desplomaría no sólo el precio del petróleo sino de las demás exportaciones nacionales. En esas condiciones ¿los países exportadores de hidrocarburos serían más ricos con el cambio de moneda de sus transacciones internacionales?


Aquí caben dos reflexiones: si la unidad de medida del barril de petróleo determinaría el valor de éste, ¡que torpes han sido los exportadores de este producto al no percatarse con anterioridad de esta verdad en lugar de “perder tiempo y dinero” regulando la oferta de hidrocarburos en el mercado mundial! Evidentemente, el usar el euro o el yen no cambia de por si el valor del barril de petróleo. Es una falacia conocida en economía como “ilusión monetaria”. En la vida real este precio depende de factores más relevantes como el crecimiento mundial, la existencia de fuentes alternativas de energía, la tecnología de extracción, la refinación, el consumo.


La segunda es que en una perspectiva de plazo razonable no se ve que la economía europea pueda llegar a ser más fuerte que la de los EE.UU. como para generar más confianza en el mantenimiento del poder adquisitivo del euro, tema que por supuesto amerita otro comentario.


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Una contracción de la economía mundial es ciertamente más preocupante que la depreciación del dólar.



Colaboración

Editorial Diario EL COMERCIO

Diciembre 11 del 2007

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