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Adolescencia en frontera

“Aquellas palabras tan repetidas desde hace medio siglo que hablan de la necesidad de construir fronteras vivas, han quedado solamente en reiterados ofrecimientos de campaña electoral que devienen en repetidos incumplimientos.” Con esta frase lapidaria, dura empieza el informe del Observatorio de la Niñez y Adolescencia (ODNA) dedicado a los jóvenes que viven en las distintas provincias colindantes con Colombia, para luego dolorosamente señalar; “Los pretextos para no atender a las zonas de frontera han sido variados, pero los resultados siguen siendo los mismos: pobreza, abandono y, de tarde en tarde, una visita oficial con toda la parafernalia del poder para decir a esos pueblos que pronto llegará la ayuda.”


La veeduría ciudadana reunida en el ODNA se está convirtiendo en la vocería de las angustias juveniles. En esta oportunidad, con el permanente apoyo de UNICEF investigó el mundo de las nuevas generaciones que viven en estos parajes fronterizos y encontró que el grado de cumplimiento de los derechos de los adolescentes que están consagrados en la Constitución y el Código de la niñez se cumple marginalmente, y eso que el trabajo sólo se lo pudo hacer con aquellos adolescentes escolarizados que representan apenas el 65% del universo investigado. Es decir se concentró en la parte más formal de las colectividades, y a pesar de ello la nota que se obtuvo es de apenas 3.5 sobre 10. Es decir, que la gran mayoría de los derechos de la niñez se quedaron pegados en el papel. ¡Son letra muerta!


Nos preguntamos ¿si así son los que tienen algo de apoyo público, cómo será la situación de ese 35% que vive remontado en una región que cada día es más violenta?


En la investigación sobre la sexualidad, más del 50% de los y las muchachas encuestadas tuvieron relaciones antes de cumplir los 15 años. Consumen alcohol desde antes de los 14 años, y afirman que conseguir drogas –marihuana, coca, pasta base, heroína, éxtasis, no les es complicado. Así lo afirma más del 50% de estos chicos.


Se supone que existe una ley que prohíbe la venta de licor y cigarrillos a los menores. Pues bien, el 93% afirma que es muy fácil conseguirlos. Nos preguntamos entonces: ¿Acaso no hay autoridades de control?, porque una respuesta tan contundente demuestra una vez más que muchas leyes sirven para acumular anaqueles o generar corrupción, aunque en verdad mirando lo que pasa en estos tiempos modernos de grandes cambios, no debería llamar la atención puesto que los ejemplos que dan muchos líderes políticos con su total irrespeto a la ley proveen una pauta de poco aprecio por la defensa de un sistema democrático que se construye con el amparo de los derechos ciudadanos.


Sin embargo, los chicos cuando responden a sus motivaciones personales demuestran afán de superación, quieren recibir buena educación, piden que los pensum incorporen temas como la educación sexual, idiomas, artes, la informática, la resolución de conflictos, pero chocan con un Estado haraposo en el cumplimiento de sus obligaciones, que no tiene afán de combatir las causas de estos incumplimientos, sino la epidermis de la desatención social. ¿Es este un problema de leyes o de gestión?


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El Estado en la frontera norte no aplica los derechos de la niñez. Son casi una letra muerta.



Colaboración

Editorial Diario EL COMERCIO

Noviembre 28 del 2007

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© 2020 por Alex C.