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Cambios increibles

Certeza es el principio que regula el cálculo de los indicadores económicos. No pueden tener errores, o si se los acepta deben estar perfectamente advertidos. Sin esta seguridad de nada valen los análisis y las proyecciones que se ejecutan sobre sus valores. Es más, su falta de precisión puede llevar a decisiones erradas que destruyan la riqueza de una colectividad, o su distribución, o lo que es peor aún dañen además su futuro y pongan a los pueblos en condiciones precarias de sostenimiento y supervivencia. Los errores pueden también perder oportunidades.


Para que esto no ocurra, es decir para que los indicadores sean confiables, los países han depositado su responsabilidad en ciertas instituciones y las han dotado de un sinnúmero de incentivos y protecciones, especialmente de la política por los efectos devastadores que traen consigo cuando se quiere justificar lo injustificable, dotándoles de independencia operativa y funcional.


Con el tiempo, estas instituciones van ganando respeto, sus comentarios e informaciones son valorados, y la colectividad acepta sus dictámenes como verdades no discutibles. Pero, si en algún momento se aprecia que las cifras tienen mantequilla y sus valores se resbalan o cambian sin explicación alguna, o con argumentos de poca monta y bajo condumio, el daño a la credibilidad puede ser fatal.


Pues bien, algo de esto viene pasando en las cifras nacionales de un tiempo a esta parte. Se las cambia con mucha facilidad y no son ajustes “técnicos”, sino por valores que llevan a consideraciones diferentes. Ya pasó con el cálculo de la inflación en donde los costos de la educación tenían unas variaciones enormes. Se repitió el problema en la determinación del monto de las importaciones y se hizo un ajuste de casi mil millones, y ahora llegó el remate: todas las cifras de inversión extranjera desde el año 2000 en adelante no sirven para nada.


Hasta hace pocos meses nos decían que en los siete primeros años de este siglo (2000-2006), la inversión extranjera llegó a 9.773 millones de dólares, y ahora el Banco Central del Ecuador anuncia que esos valores no sirven y que la cifra real es 3.772 millones de dólares, es decir apenas el 39% de lo que nos habían dicho!!


Un cambio de esta dimensión significa que todos los demás cálculos alrededor del Producto Interno Bruto también están equivocados y que todos estuvimos engañados con las cifras anteriores. Aquí hay una responsabilidad enorme ante la sociedad que debe ventilarse con toda claridad, pues resulta que ahora el sector externo tiene una estructura diferente, a lo mejor más vulnerable de lo que estábamos pensando y que la dinámica nacional, es decir su crecimiento no es la que se nos dijo.


De lo que recuerdo no hay un antecedente de un cambio tan fuerte en los cálculos de las cuentas nacionales. Desde hace buen tiempo veníamos preguntando sobre la consistencia de estas cifras y no tuvimos respuesta, hasta que apareció esta corrección que, se la justifica con cambios metodológicos!!!


El Banco Central del Ecuador tiene la palabra. Su integridad profesional obliga a un esclarecimiento completo del tema y a definir todos los demás cambios en los indicadores de este siglo.


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Algo grave pasa en las cifras nacionales: cambian con mucha facilidad y no son ajustes “técnicos”.



Colaboración

Editorial Diario EL COMERCIO

Octubre 31 del 2007

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