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Albarda sobre albarda

En un sugestivo informe de labores del año 2005 a sus accionistas de Berkshire, Warren Buffet el segundo hombre más rico del mundo, les relata la historia del desarrollo del mercado de capitales desde 1899 hasta estos días.


Por esa época establece los orígenes del famoso índice Dow que hasta ahora sirve de referencia para medir el estado de ánimo de la economía norteamericana, y afirma que al mirar la historia de los cien años que se cumplieron en 1999, el indicador pasó de apenas 66 a 11 500, ofreciendo a los inversionistas un rendimiento anual compuesto del 5.3%, más los dividendos, que para sostenerse en este siglo le llevaría a un valor superior a dos millones!! ¿Llegará?


Sin embargo, a lo largo de este proceso los mecanismos de intermediación financiera han ido complicándose, especializándose, a tal punto que ahora el inversionista ya no recibe la totalidad del rendimiento de su inversión, pues una parte se queda en los broker (perdonen el anglicismo), administradores, consultores y fondos. Buffet estima que el 20% del beneficio se transfiere a esas manos que antes, es decir hace cien años no existían y que se crearon, aunque usted no lo crea, por el incontenible afán de los países, personas y empresas de maximizar las utilidades.


Así es el mundo y será difícil cambiarlo, pero la racionalidad debe poner un límite a esta “ineficiencia” aparente aunque necesaria que se introdujo conforme avanzó el movimiento mundial. A esto Buffet llama la cuarta ley de Newton no descubierta: “Para los inversionistas como un todo, la rentabilidad disminuye conforme el movimiento avanza” Y, esta regla se aplica con claridad en la creación del famoso Banco del Sur. ¿Por qué?


Por varias razones, empezando por el argumento central de su creación que sostiene que el ahorro regional financia las economías desarrolladas en perjuicio de las regionales, lo cual querría decir que este banco va a tener su liquidez en la región, con los riesgos correspondientes y no en los mercados mundiales, como lo hacen todos los bancos del mundo. La CAF es un ejemplo de ello y no por eso se puede decir que ese ahorro no nos sirve.


Segundo, porque los servicios que busca ofrecer ya los tiene la CAF, el FLAR, el BLADEX y hasta el BID, con lo cual lo único que hacemos es encarecer los servicios y reducir la rentabilidad de las inversiones nacionales. Es albarda sobre albarda con disfraz nacionalista.


Tercero, porque tenemos que poner un capital que no nos va a dar dividendos sino servicios a los cuales ya tenemos acceso. Será más dinero congelado ya que la condicionalidad será tan liviana como insegura será la cartera que se quiera construir.


Lo interesante de este Banco del Sur es el macro objetivo de contribuir al desarrollo social (sic) y económico de los países miembros, fortalecer la integración y, aquí viene lo nuevo para el gobierno nacional, promover la estabilidad macroeconómica, en la cual no cree y ha sido muy crítico.


Algunos miembros del gobierno decían que la estabilidad no sirve, pero aquí se ve que se contradicen, para fortuna del país. Ojala la busquen y la respeten, aunque para ello establezcan un nuevo intermediario que no aportará valor agregado sino más endeudamiento.


DESTACADO


El Banco del Sur es un nuevo intermediario que no aporta valor agregado. Sus servicios ya existen.



Colaboración

EDITORIAL DIARIO EL COMERCIO

Mayo 2 del 2007

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