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Economía de la travesura

Desde hace algunos años, posiblemente el 2002 el Ecuador ha tenido un solo ministro de energía en la sombra, al cual pocos le reconocen sus méritos, y muchos le atribuyen, con algún grado de indiscutible razón objetiva, responsabilidades mundiales de gran factura. ¡Ha sido más eficiente que la OPEP!


Lo cierto es que desde esa época, muchas de las penurias fiscales empezaron a superarse. Afloraron recursos por montos extraordinarios que parecieron venían de una burbuja mundial temporal, pero que con el tiempo fueron consolidándose, hasta parecer ahora como rutinarios, normales, a los cuales con una velocidad, digna de la solución de muchos problemas nacionales, se acomodaron las finanzas públicas nacionales.


La percepción de abundancia inundó al mundo político, que abandonó con alegría y poca reflexión sus responsabilidades permanentes para dar paso a una actitud de dispendio abierto, sin brújula alguna, que ha llevado a exageraciones y actitudes de reclamo violentos que no han sido ni controlados peor reprimidos, y que con el paso de los meses ha institucionalizado el principio del chantaje político como medio de persuasión.


Sin embargo, el tamaño de las sábanas todavía da cabida a más peticiones y eso consolida una línea de gasto no refrenado que parece no tener fin, pero que en sus entrañas acumula distorsiones que en algún momento harán llorar sangre a esta sociedad.


Los subsidios generalizados, la escasa valoración de la calidad del gasto, la irrefrenable actitud de preasignar rentas sin medir ni su utilidad ni su impacto en el papel del estado, la falta de acuciosidad en el uso de los bienes públicos, son algunos de los ejemplos de estas terribles distorsiones.


Pero, por ahí se esconden algunas cositas que pasan desapercibidas y son de una factura impresionante. Veamos a lo que me refiero.


El país, a pesar de esta abundancia, reclama por más dinero. Lloran los pedidos por más rentas. Los sectores sociales, con razón pero con poca previsión y escasa capacidad de programación, piden más. Muchos políticos pregonan su adhesión a las acciones que construyan un mundo más equitativo. Algunos, incluso echan destellos contra el endeudamiento como la razón de todos los males.


Florecen los dilemas, muchos de ellos falsos pero por tan repetidos, casi se han convertido en dogma de fe. Lo cierto es que mientras ese ministro de energía en la sombra siga propiciando con su guerra la existencia de este mercado petrolero, por acá nos daremos el lujo de perder recursos a borbotones. Sólo entre el año 2005 y este que empieza, los campos de producción encargados a Petroecuador dejarán de producir, en el mejor de los casos veinte millones de barriles al año, que pueden llegar a treinta, y que significan, nada menos ni nada más que entre 800 y 1.200 millones de dólares anuales que deja de percibir el Estado ecuatoriano. ¡Qué tal! Estas travesuras, para calificarlas con indulgencia cristiana, no las ve el país, no las reclama, no pide cuentas, no tiene responsables. A la final no existen, porque como continúa el jolgorio ya que ese ministro también sigue con sus travesuras, dolorosas y fatales para el mundo actual, todavía vivimos de la burbuja.


DESTACADO


Entre 800 y 1200 millones de dólares anuales pierde Ecuador por última caída de producción petrolera.



Colaboración

EDITORIAL DIARIO EL COMERCIO

Febrero 8 del 2007

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