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Avanzamos pero falta

En el marco del trabajo del Observatorio de los Derechos de la Niñez –ODNA-, UNICEF presentó un trabajo sobre la Agenda de las políticas públicas a favor de la Infancia que permite visualizar algunos de los logros alcanzados por el país en los últimos años. El trabajo recoge información de CEPAL, del BCE y elaboraciones propias del presentador, de tal manera que lo que se dice cuenta, como debe ser siempre, con el aval de estas respetables y creíbles instituciones.


Lo primero que resalta es el hecho desconocido para muchos y me imagino que para la mayoría de los lectores de la columna, de que Ecuador es el país de más rápido crecimiento en América Latina desde el 2001 hasta la fecha. Lo hace a un promedio del 4.6% anual, mientras toda la región logró el 2.8%. Esta cifra no lo habíamos visto desde la lejana década de los setenta, y debe ser motivo de satisfacción. Chile y Panamá-otra economía dolarizada- nos marcan el paso.


El problema es que la gente no siente o ve esto, tanto por la falta de difusión de un hecho tan importante que debería cambiar la visión de los comentaristas, como porque los efectos redistributivos si bien han existido no han sido lo suficientemente fuertes para modificar la cara de inequidad que tenemos en nuestra mente y en la percepción colectiva.


Las ramas motoras del crecimiento desde 1993 han sido el petróleo, las flores, camarón, banano y construcción. De ellas, la última es una demandante masiva de mano de obra, mientras petróleo es la que menos lo usa. Esta composición productiva no ha permitido que la tasa de desempleo, cuya fórmula de cálculo cambió en el período, se reduzca. Incluso es ligeramente mayor a la de hace diez años, y eso determina que los sectores dinámicos no logran cerrar la brecha de trabajo acumulada y la que se incorpora cada año. Aquí, la existencia del 45% del empleo en actividades de baja productividad y sólo del 31% en alta determina la presencia de un cuello estructural de generación de riqueza, complejo en su solución.


La disparidad provincial que es una forma de medir la equidad geográfica, determina que sólo Pichincha, Azuay y Tungurahua son las que mejor crecen y distribuyen riqueza. Se ve que el tamaño no es una limitante del desarrollo, sino la forma como se configura la producción.


En el campo social, la esperanza de vida mejoró sostenidamente. Hoy llega a 71 años. Al igual, la lucha por la reducción de la mortalidad infantil demuestra sus progresos y hoy es 24 por mil nacidos. Es reconfortante decir que también mueren menos madres en los partos. Ahora, la población con acceso a servicios básicos -aunque no buenos- es más numerosa pues llega al 86%, y con ello los problemas de salud tienen mejores controles comunales.


La pobreza urbana ha declinado. Los barrios pobres tienen un cambio dramático. El Ecuador gasta el 150% más en áreas sociales de lo que lo hacía en 1995, pero todavía está en la cola de América Latina. La calidad es mala y los resultados en educación y salud siguen siendo deprimentes. ¡Y por ahí se construye un mundo de oportunidades! El problema serio sigue siendo el Presupuesto y su horrible distribución.


No hay que perder el tranco, pero si mejorar el uso de los recursos.


DESTACADO



Ecuador es el país de más rápido crecimiento en América Latina desde el 2001 hasta la fecha.






Colaboración Editorial

DIARIO EL COMERCIO

29 de Noviembre del 2006

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