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Amartya Sen

“Hay citas equivocadas que me hacen aparecer en contra de la globalización. ¡Pero estoy muy a favor! Creo que es algo tan bueno que sería terrible si beneficiara solamente a algunos y no a otros. Tenemos que mejorar la distribución de los beneficios entre países y dentro de los países, entre las clases y entre las zonas rurales y urbanas, y para eso hay que multiplicar las oportunidades.”


Así se expresa Amartya Sen, Premio Nóbel de Economía de 1998 en una entrevista concedida a la revista Finanzas y Desarrollo del mes de septiembre pasado. Este economista y filósofo hindú es reconocido por la dimensión ética de sus propuestas económicas. Defensor de la democracia, la valora dentro de un proceso de elección social que permite a una sociedad tomar decisiones que afectan a todos. Es decir la mide por su capacidad de resolver sus problemas a pesar de las disparidades de sus componentes.


Como un militante tercer mundista y hombre de principios sociales sostiene que la libertad, la equidad, la democracia son principios que aseguran al ser humano la posibilidad de crecer y resolver sus problemas. En ese medio se desarrolla la economía. Por eso “los mercados nos dan la libertad para intercambiar bienes. No hay motivo en particular para prohibir las transacciones de mercado en general, como no hay motivo para prohibir las conversaciones.” Con esta contundente frase se pone de lado de un sistema que se asienta en la defensa de los principios que aseguran las libertades individuales, y que convive con un Estado regulador y participe de las soluciones a la inequidad.


Sus posturas rompen paradigmas y enfrenta viejos dilemas con objetividad. Se une aquellos que discriminan la forma del contenido y ofrece reflexiones que entierran las visiones extremas. Separa los fines de los medios y califica a los instrumentos en función de los resultados. Por ejemplo no se muestra contrario a la privatización de ciertos servicios públicos cuando afirma que “es únicamente un instrumento. Tenemos que decidir cuándo nos sirve y cuándo no.”


Las posiciones dogmáticas contra la globalización parten de una reflexión equivocada. Creen que es un sistema creado de manera preconcebida que puede ser obviado o eliminado mediante acciones políticas que vuelvan a encorralar las decisiones de los países. Pero ya no es posible conseguirlo pues la globalización es la consecuencia del desarrollo tecnológico que integró a todos los ciudadanos y voló las barreras políticas y económicas que se crearon en épocas en las cuales todo podía ser controlado con decisiones administrativas. Hoy eso es imposible hacerlo. Las decisiones tienen la libertad creada por un mundo comunicado en vivo y en directo que no permite interferencias salvo que se busque crear caos y restringir los principios de libertad de los que goza el ser humano.


El contar con un Estado vigoroso en lo social y eficiente en lo económico es el objetivo de las sociedades modernas ya que se constituye en el medio para construir oportunidades y asegurar que confluyan la inversión y el empleo. Hacer de la empresa una unidad competitiva y responsable es el objetivo de la sociedad de bienestar, y en ese camino la coparticipación de los capitales públicos con los privados es un mecanismo que colabora en el cumplimiento del gran objetivo nacional: construir un país más equitativo y de mejor nivel.


Colaboración Editorial

DIARIO EL COMERCIO

Diciembre 28 del 2004


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