Una brecha mortal

La América Latina y la Europa “alargata” es el sugestivo título de un seminario realizado hace pocos días en Trieste, Italia, en el cual se discutieron las distintas visiones de esta relación continental. Ahí, Alfredo Barnechea expresó:”La revolución mercantil del siglo XVI proporcionó a la economía de Occidente una ventaja de 2 a 1. La revolución industrial multiplicó esa ventaja de 10 a 1. La revolución tecnológica actual de la informática ha catapultado esa relación a 60 a 1. En suma, somos cada día menos importante.”


Esa es la trayectoria que, como dice un buen amigo, produce “náñaras”, es decir provoca un hormigueo en las entrañas, con una sensación de miedo porque a lo malo que ha ocurrido y que lo palpamos, se une una percepción de que se avecinan tiempos todavía más duros.


La brecha entre los mundos que coexisten en nuestro planeta crece y crece tanto, que cada día se ve más distante los niveles de bienestar, y más que eso, las opciones de recuperar una posición digna o representativa se aprecia casi inalcanzable.


¿Cuál es el núcleo de esta geométrica disparidad? A no dudarlo son algunos los factores que han determinado estos rumbos divergentes, pero el que ha marcado la diferencia es el grado de prioridad otorgado por las sociedades a la educación. El cambio entre el mercantilismo y la industrialización marcó la creación de una sociedad mas preparada, con mayores defensas personales en función de su conocimiento, que ahora con la era tecnológica se profundizó y aceleró a un punto en que el propio mundo que lidera esta etapa casi se ve desbordado por la velocidad de los cambios.


El sólo mirar la superficie de la biotecnología, los avances de la genética, las potencializaciones de la ingeniería comunicacional y computacional nos ponen los pelos de punta por lo que estamos pronto a conocer. Millones de expertos trabajan todo el tiempo en la solución de los más diversos temas del quehacer diario y de las necesidades profesionales. Nacen miles de nuevas aplicaciones y hasta se afirma que pronto ya no tendremos computadoras personales, sino que todo será virtual. ¿Entendemos lo que esto significa?


Y frente a este desborde de conocimiento, en nuestro país seguimos con una agenda que no sirve ni para el siglo pasado. La brecha es mortal para las generaciones que nos siguen. Los pobres van a ser más marginados y los que algo tienen enfrentan la amenaza de perder lo alcanzado. Y eso no se quiere ver. Los dirigentes siguen entretenidos en sus broncas personales y poco les importa el Ecuador real. Incluso muchos viven de la explotación de la ignorancia.


En el Contrato Social queremos que en el 2005 ya no existan niños que no ingresan a su primer ciclo de ecuación básica y se pague puntualmente a los profesores. ¿Qué es esto frente a la colosal brecha? Apenas un grano de arena, pero de algo debemos agarrarnos. Son casi 100.000 niños que no tienen este derecho consagrado por la Constitución y que con el tiempo se sumarán a esa pléyade de emigrantes desesperados. Estos niños representan el 37% de los que tienen 5 años de edad, y su atención nos costaría 53 millones de dólares en tres años. Pero, claro no tenemos dinero para esto y si para no cobrar a los que roban luz, no pagan impuestos, abusan de las empresas públicas.


Cambiemos las prioridades y enfrentemos la brecha.


Colaboración Editorial

DIARIO EL COMERCIO

Junio 17 del 2004

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