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No juguemos con el futuro

Siempre es bueno mirar fuera de las fronteras para tratar de comprender cuales son las condiciones que crean oportunidades en las distintas sociedades. Los empresarios buscan nuevos negocios y los gobernantes alternativas de solución a las necesidades de los pueblos. En estos tiempos, las empresas incorporan el uso de las tecnologías para mejorar su productividad, mientras los estados han aprendido que los factores que acompañan los períodos de expansión que consolidan a los países líderes, tienen como denominador común una política fiscal responsable. Es muy difícil encontrar una empresa que no cambia o un país que tenga éxito en su lucha contra la injusticia con una estructura dispendiosa de gasto.


Hasta hace pocos años se sostenía que un déficit público moderado impulsaba un crecimiento mayor, argumento real en términos cuantitativos pero que desembocó en la acumulación de deuda pública y el ahorcamiento de las finanzas públicas. Hoy, la tarea es desmontar este cuello de botella y recomponer el papel regulador de los recursos públicos. ¡Y de esto no escapan ni los poderosos EEUU!


La deuda pública, en especial la externa acompaña a la República desde antes de su nacimiento. Siempre se ha justificado los endeudamientos al momento de su contratación con la consabida frase de hacerlo en guarda de “los más grandes intereses nacionales”, y con el paso del tiempo, cuando hay que pagarla se han desempolvado las posiciones de defensa del pobre y el humilde bajo el lema “primero la deuda social”, sabiendo que no hay mejor forma de atenderla que haciendo de las finanzas públicas un mecanismo de redistribución estable y perseverante de las oportunidades.


Es clásica la reflexión de los gobernantes cuando tienen apuros financieros, muchos de ellos derivados de sus propios errores. Ahí apelan a la estabilidad del sistema y la defensa de la democracia para contraer más deuda, en lugar de afrontar, como verdaderos líderes con pantalones, soluciones que cuiden el futuro y la equidad de la sociedad. ¡Así se construyó buena parte la deuda pública! ¡Y ahora, todavía existen ecuatorianos que recomiendan mantener una política fiscal deficitaria!


Europa, con todo el poder de su economía comunitaria discutió este problema por años hasta llegar al consenso de limitar el endeudamiento público al 40% del PIB. Lo hizo como compromiso con el manejo responsable de las finanzas públicas. Presenciaron como el exceso de deuda traía aparejado desorden social, inequidad, pérdida de dinamismo, y decidieron enfrentar el problema colocando también un límite al desequilibrio fiscal.


Ellos lo hicieron a pesar de disponer de una moneda fuerte que es un activo en cualquier parte del mundo y que permite el financiamiento de sus necesidades no cubiertas por su economía. Acá en el Ecuador, en la Ley de Transparencia Fiscal asumimos responsabilidades parecidas, con la enorme diferencia de que somos un país pequeño, sin moneda y sin acceso a los mercados internacionales. Lo cual, para ponerlo en términos muy castizos significa que nos creemos parecidos, en lo económico me refiero, a los europeos. ¡Vaya falacia! Tenemos que ser más estrictos, cuidar el equilibrio fiscal, desactivar la deuda con el impulso del ahorro interno si buscamos equidad con dinamismo.


Colaboración Editorial

DIARIO EL COMERCIO

Marzo 25 del 2004

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