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Chichirimico

“Lo que es de todos no pertenece a nadie” ha sido el grito de guerra contra los recursos públicos. Se aplica con igual rigor a los defraudadores como a los dispendiosos. Los unos que quieren seguir gozando de una sociedad gratuita, mientras los otros expolian el patrimonio nacional con gastos insulsos. Dentro de este juego, conviven los corruptos que aprovechan la indolencia por lo Público, así con mayúsculas.


Cuando se quieren cobrar los impuestos a los que tienen privilegios o a los evasores, salta la liebre. Cuando se quiere poner orden en los gastos estatales afloran los beneficiarios de asignaciones con sus quejas de siempre. Lo cierto es que con el tiempo, la sociedad ha construido un castillo endeble de las finanzas públicas soportado en una serie interminable de beneficios y ataduras que destruyó los cimientos de un Estado responsable del bienestar colectivo.


¿Qué puede hacer el Presupuesto del Estado a favor de una sociedad más equitativa si casi todos los recursos tienen destino prefijado? La verdad que poco. Se requieren de esfuerzos hercúleos para conseguir, perdonen, pilches diez millones para un programa social. Eso se vio con nitidez en la reunión propiciada por el Congreso Nacional hace pocos días en Manta. ¿A quién le quitamos? Y no es un tema que se resuelve con buena voluntad. Es un hecho que demuestra lo inflexible que se han vuelto los recursos públicos. Es la respuesta que pone un dilema insoluble. El Ministro carga con un peso en las asignaciones que le convierte en un distribuidor de dinero con destino fijo.


Casi un tercio de los gastos, exactamente el 29% va a sueldos y demás remuneraciones, 34% se dedica al servicio total de la deuda pública, 15 % a los organismos seccionales, 4% a universidades, 4% al IESS e ISSPOL, 6% para gastos operativos. ¿Que queda? Un saldo marginal para inversión pública, y eso si se cumplen los pronósticos.


Sabían que en el año 2000 los organismos seccionales recibían 200 millones de dólares y para el 2004 se estima que podrían recibir 970 millones!!! sin asumir ninguna responsabilidad adicional. Sabían que por el 25% de impuesto a la renta aumentarían sus asignaciones en 100 millones!!!! y tampoco se encargan de algo nuevo. Conocían que además de esto, el Presupuesto paga algunas deudas para obras de varias ciudades y que mas de 1.000 millones de endeudamiento de las eléctricas también paga “papá” presupuesto!!!! Y que hablar de la deuda militar que no pagan las FFAA. Incluso, en estos días algún alcalde propuso canjear las deudas que tienen con el BEDE con sus Acciones!!! El cuento sigue de largo. La historia lleva a un destino conocido si no hay rectificaciones profundas.


Hay que terminar con este esquilamiento del Presupuesto. Los esfuerzos para mantener las cuentas fiscales en equilibrio son agotantes. Tiene razón el Presidente del Congreso al afirmar que el déficit público es el causante del endeudamiento del estado, pero insistimos en mantener subsidios indiscriminados, no pagar impuestos y obtener más asignaciones sin asumir responsabilidades. Si queremos cumplir el Contrato Social que tanto lo hemos publicitado hay que ver con ojo de águila y no con mirada de ratón toda la política fiscal. No hagamos más chichirimico al Presupuesto del Estado si queremos recuperar una herramienta anticíclica y constructora de equidad.


Colaboración Editorial

DIARIO EL COMERCIO

Noviembre 6 del 2003

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