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Nuevas reglas mundiales

El temario de la reciente reunión del comité de Finanzas del FMI en Washington fue complejo por el débil crecimiento de las economías desarrolladas, pérdida de confianza en los mercados de capitales, incertidumbre política por los desentendimientos en las fórmulas de solución de los conflictos, rompimiento de las bases jurídicas de la organización mundial de naciones, reducción de los flujos de capitales privados a las economías emergentes con efectos desestabilizantes de sus indicadores.


En resumen una perspectiva cargada de incertidumbre, propensa a la especulación y con elementos perturbadores de dimensión desconocida. En ese ambiente las resoluciones fueron cautelosas, pidiendo a las economías líderes la adopción de medidas que defiendan políticas equilibradas, en especial en el campo del gasto fiscal, las normas de regulación corporativa y el fortalecimiento de los instrumentos internacionales en el área financiera.


En ese último renglón la preocupación se concentró en la reducción de los flujos de capitales privados a las economías emergentes que en el 2002 apenas llegó a 135 mil millones de dólares, muy parecida a la del año 2001 y sustantivamente inferior al promedio de 185 mil millones de la década anterior. Para América Latina la contracción llevó a disponer de sólo 28 mil millones, que es el nivel mas bajo de financiamiento privado desde los años ochenta. En 1999, la región recibió cerca de 75 mil millones, es decir el triple de lo alcanzado el 2002.


Como lo menciona un estudio internacional, un saludable mercado de capitales privados hacia los países emergentes es un ingrediente necesario para el éxito de la globalización y el buen funcionamiento del sistema financiero mundial. Su debilidad sólo refleja la fragilidad mundial, que en definitiva ocasiona frecuentes y severas crisis cuyas pérdidas erosionan la confianza de los inversionistas.


Las políticas económicas de los países en desarrollo son vitales, y complementarias al ambiente internacional, para reconstruir esta confianza, a lo que se suma la defensa de la ley y la independencia del sistema judicial. El ejemplo de Méjico y su exitoso programa de emisión de nuevos bonos soberanos por mil millones de dólares con la Cláusula de Acción Colectiva (CAC), la adopción de un Código de Conducta para guiar el comportamiento de deudores y acreedores según la propuesta hecha por el Presidente del Banco Central de Francia que se encuentra en su etapa de discusión, y la aplicación de principios preventivos de crisis por parte de los organismos multilaterales, son los ingredientes de lo que podría ser la nueva Arquitectura Financiera Mundial.


Las CAC representan un avance trascendental en la búsqueda de un sistema voluntario y mayoritario pero ordenado de organizar la conducta de los acreedores frente a problemas de los deudores. Hasta ahora ninguna emisión de bonos soberanos disponía de estas cláusulas, lo cual desordenaba los procesos, profundizaba las crisis y promovía la existencia de los llamados “viajeros gratuitos” o “sapos” que se aprovechaban de las penalidades legales para pescar a río revuelto y obtener ganancias desmesuradas a costa de todos. De otro lado se obliga a los gobiernos a ser responsables, transparentes y previsivos. La primera piedra está puesta. Ojalá el edificio cumpla las expectativas.


Colaboración Editorial

DIARIO EL COMERCIO

Abril 23 del 2003

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