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Inconsistencias nacionales

La inconsistencia es frecuentemente uno de los hechos más repetitivos del quehacer nacional. Se busca un objetivo pero se niega la implantación de los medios para alcanzarlo. Se defiende una tesis aunque no hay actitud para sostenerla. Se dice una cosa mientras se tienen responsabilidades privadas y se hace otras con responsabilidades públicas


La dolarización es un ejemplo. Sus precursores se llenan, o creo que es más preciso decir se llenaron de expresiones para impulsarla, pero el rato de construir el modelo que asegure su ejecución, utilizaron cien mil argumentos para defender sus privilegios y evitar que la nueva estructura les cercene las ventajas edificadas a lo largo de muchos años, durante los cuales se instalaron sistemas e instrumentos que por su discrecionalidad y excepción, pusieron el peso del sostenimiento de la sociedad en pocos. Hasta ahora, casi todas las reformas de fondo continúan pendientes. El Estado sigue con responsabilidades que no las atiende, y no se desprende de ellas a sabiendas de su irresponsabilidad. No se crean los Fondos de Estabilización especializados, que son indispensables en tiempos malos. Ni siquiera se los quiere discutir porque implica cambio en las reglas de juego. La búsqueda de consensos es declarativa, y no pasa de eso porque el momento de la ejecución de los postulados reflotan los argumentos lastimeros de protección a los débiles. Las discusiones sobre el IESS en la Asamblea Constituyente es un lindo ejemplo de las veleidades de los consensos. Sólo cuando se ve el toro a un metro de distancia salen a flote las reflexiones sobre las dificultades que pueden presentarse.


El país es una sociedad del “mas o menos”. Se responde así para ocultar el pensamiento o como una muestra de desagrado. Para toda pregunta sobre la situación personal, pública, internacional, del tema que se nos ocurra, siempre la respuesta tiene un fuerte contenido depresivo y contradictorio. La psiquiatría debería ser la profesión más rentable y demandada. Sino como entienden los resultados de la siguiente encuesta: Según Cursor, en su boletín 21 del 15 de marzo último, la encuesta sobre la dolarización determina que el 87% (así como se lee, el 87%) están a favor de su mantenimiento, el 82% no quisiera regresar al Sucre y, luego viene lo increíble o inentendible, el 66% de los encuestados de Pichincha considera que la dolarización le ha perjudicado, mientras en Guayas el 50% coincide en esa postura. ¿Qué les parece? Alguien puede entender esto. ¿Hay tendencia al autoflagelamiento?


No. Lo que al país le falta es consistencia. Este es un ejemplo que se reproduce con facilidad y recoge la desorientación en la que se encuentra la sociedad. La tendencia al negativismo responde además a la oscuridad de los mensajes políticos, proclives a la contradicción, que por lo general defienden tesis según la ocasión y no por principios.


Mientras no sepamos cual es el objetivo nacional y que queremos hacer del Ecuador, con seguridad seguiremos viendo todo mal. Es parte de esta falta de visión. Es impresionante mirar las expresiones de ciertos comentaristas al opinar sobre el momento. Si las cosas parecen ir bien, el informe luce aburrido. Pero si se ven las cosas mal, hay casi una explosión. ¿Cómo podríamos llamar a esto?. ¿No hay algo de esquizofrenia colectiva?


Colaboración Editorial

DIARIO EL COMERCIO

Abril 10 del 2003

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