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Estrategia integral

El Grupo Andino para su supervivencia necesita revisar los postulados en los que se asienta hoy. Es indispensable armonizar las políticas monetaria, cambiaria, con las dificultades que implica la dolarización ecuatoriana, fiscal, de endeudamiento para asegurar una integración real, justa, estable. Esta fue la tesis expuesta por el Presidente Uribe en su visita al Ecuador con motivo del cambio de gobierno nacional. El Dialogo Interamericano en su último reporte sobre la situación del Continente Americano, advierte sobre la fragilidad de las economías latinoamericanas y su exposición a shock externos que se derivan en crisis financieras, salidas de capitales, destrucción de empleo, para enfrentar lo cual se requiere una solución integral que cuente con la cooperación de los EEUU, en especial para introducir parámetros de conducta, al estilo de Maastricht, en las políticas macroeconómicas.


Estas declaraciones no son simple coincidencias, responden a una seria reflexión sobre las complejidades del tema integracionista, cuyos experimentos en la región han dejado más sinsabores y desentendimientos que cosechas. Y esto en gran medida ha sido el resultado de creer que es posible avanzar en las negociaciones comerciales prescindiendo de las políticas que hacen el día a día económico de los países.


Insistir en esta estrategia seria no sólo un nuevo error sino un suicidio, pues sabemos a donde nos conduce, con el agravante en el caso ecuatoriano de mantener un modelo económico sumamente inflexible que se expone a condiciones mas duras de competitividad.


En estos momentos Colombia tiene problemas comerciales con Venezuela exactamente en la dirección contraria de lo que le ocurre con Ecuador. Sabe además que la situación con Ecuador no es sostenible. Para nosotros, el Plan Vallejo es un tema vital que desnaturaliza los principios del CAN al permitir el libre ingreso de productos de fuera de la región por las fronteras colombianas. Estos hechos, que ejemplifican la casuística latinoamericana, cuestionan la continuidad de los convenios.


De otro lado la vigencia temporal del ATPEA hasta el 2006 y su posible dificultad de extensión coloca a los países andinos en una encrucijada frente al ALCA. Peor aún con la decisión de hacerlo individualmente. En ese plano, las discusiones de la propuesta norteamericana que tiene limitaciones muy evidentes, especialmente en el campo agrícola por la multilateralidad de los acuerdos comerciales bajo la ronda de Doha, van a ser muy duras y de resultado reservado.


Al país le conviene sumarse a la propuesta del Presidente Uribe. Por supuesto esto implica adicionar grados de dificultad al proceso, pero no por cumplir unas metas dentro de un cronograma podemos arriesgar no sólo la estructura productiva sino la ya reducida paz y equidad social.


En el plano interno, antes de comprometer los intereses nacionales es indispensable llegar a un acuerdo que permita contar con el respaldo de la sociedad y construir un sistema de negociación que cuente con profesionales especializados de dedicación permanente a los temas involucrados. El Ecuador carece de centros de negociación activos y vinculados con los procesos. Busquemos las oportunidades con ahínco pero sin desproteger los resultados del esfuerzo colectivo.


Colaboración Editorial

DIARIO EL COMERCIO

Marzo 26 del 2003

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