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Juegan con fuego

Quisiera empezar este artículo recordando algunos principios que han guiado a muchos países a superar sus problemas e integrarse al grupo de vanguardia mundial. España es un ejemplo reciente. Canadá es otro. Chile va por esa senda. Y lo hago, en vista de los desconcertantes hechos ocurridos en las últimas semanas, particularmente la que está por terminar. Lo que se expone a continuación no es nada nuevo, simplemente resume las líneas de acción que sembraron sus lideres para conseguir lo buscado.


Si se quiere forjar un país con futuro, nada reemplaza a una buena educación. Si se quiere edificar una nación responsable, nada reemplaza a una sólida organización política. Si se quiere reconstruir la equidad, nada reemplaza a una buena política económica. Si se quiere auspiciar una sociedad democrática, nada reemplaza al diálogo respetuoso y sincero. Si se quiere promover proyectos sociales, nada reemplaza una buena gestión fiscal. Sin recursos nada se construye. Por eso, política y economía son los compadres del desarrollo. Si una falla, la otra recibe las secuelas. En ambientes caldeados o inestables poco se obtiene. Se pelean los compadres: desaparecen los inversionistas y se eliminan las fuentes de trabajo. De ahí que los temas de fondo que el Ecuador de hoy debe discutir en los diálogos nacionales deban estar alrededor de estos puntos.


En nuestra vida política independiente hemos tenido en promedio un gobierno cada año y medio, que coinciden con el promedio del período de 1996 y 2002 y no debería repetirse con el que comenzó el 15, pero los hechos ocurridos nos llevan a pensar mal. Decir y contradecir constantemente no es una norma de gobierno. Cierto es que rectificar es parte de un buen liderazgo si los errores no son frecuentes, de lo contrario desaparece ese liderazgo y se pierde legitimidad. Llegar al poder es importante, aunque más lo es mantenerse y ejercerlo con certeza y sabiduría.


De ahí que lo ocurrido en estos últimos días no se entienda. Se vuelven a revivir tiempos de incertidumbre. Arrecian los ataques personales y afloran las imprevisiones políticas. A pesar de que al gobierno entrante le conviene buscar consensos porque tiene frente a sí retos económicos delicados que le obligan a buscar consensos, incentiva conflictos. En su gestión necesitará la colaboración de las demás funciones del estado; sin embargo, se suma a otros para contribuir a forjar un ambiente en el cual reaparece la enfermedad endémica de la política ecuatoriana de propiciar desentendimientos.


Como si esto fuera poco, todos sabemos que hay problemas en la caja fiscal que anuncian nuevos costos sociales. El Estado sigue siendo el gran desordenado de la sociedad. Son veinte años de ajustes y los márgenes de acción son cada día menores. La paciencia está rebasada por la desesperanza pues no se ve una solución sostenible. Las relaciones sociales están en un punto de quiebre de la cual no hay retorno sin dolor, pero se insiste en mantener broncas públicas. ¿Qué pasará en ese ambiente si hay que tomar medidas de ajuste?. El desgaste puede ser muy acelerado y lo peor del caso es que no hay opciones. Sin un manejo serio de la economía no hay posibilidad alguna de conseguir los objetivos sociales. Hay que serenar los ánimos y cambiar de actitudes.


Colaboración Editorial

DIARIO EL COMERCIO

Enero 16 del 2003

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