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Contracorriente

Uno de los argumentos mas socorridos para criticar los programas de ajuste es su falta de oportunidad. Se afirma, con parte de razón, que la forma como se concibe la recuperación de los equilibrios macroeconómicos profundiza la etapa recesiva del ciclo económico. La contradicción se focaliza en el déficit fiscal, ahora conocido por el eufemismo de “cuentas por pagar”, vaya falacia, que por la vía de la imposición de nuevos tributos o la reducción del gasto, comprime la demanda agregada y afecta la producción.


El dilema que gira alrededor de la corrección del desfinanciamiento fiscal en países emergentes es la carencia de mecanismos y la ausencia de mercados dispuestos a financiar la brecha pública, combinado con el excesivo endeudamiento, que por si sólo es ya una alternativa agotada. Entonces, la única vía posible de recuperación del sendero de crecimiento es la contracción inicial.


Stiglitz, Nóbel de economía, es un crítico de los ajustes. Sostiene que en lugar de contraer el gasto, debía expandírselo. Sin embargo, no está clara la forma alternativa de hacerlo para las economías que no disponen de monedas de circulación internacional, sabiendo que tan pronto se perciben las crisis, los mercados financieros toman posiciones defensivas, cierran las líneas de crédito, cobran sus acreencias e inducen a la salida de depósitos, con lo cual la posibilidad de sustentar el ajuste recuperando la dinámica desde el inicio se derrumba por la carencia de recursos.


La política contra cíclica es viable, además de recomendable sólo cuando existe el financiamiento necesario, las autoridades se anticipan a los mercados, los toman desprevenidos e introducen elementos que consiguen cambiar el curso. Pero, si los procesos requieren del apoyo de los multilaterales, en especial del FMI, la sorpresa positiva de acciones preventivas, desaparece.


En el caso de la política monetaria, las circunstancias pueden ser distintas. Ahí es posible establecer los correctivos en el momento adecuado pues se actúa en un medio que permite acciones autónomas. Si no se lo hace, las decisiones profundizan el ciclo. Por ejemplo, ante el riesgo de una contracción y el deterioro de ciertos indicadores, las autoridades y los calificadores de las carteras bancarias suelen reaccionar comprimiendo el mercado. El resultado es un encarecimiento de los créditos, una reducción de los montos y una profundización de la desaceleración económica.


Algo de esto acaba de ocurrir con la decisión de la Junta Bancaria JB-2002-500 del 28 de noviembre que reforma la calificación de los créditos de consumo y tarjetas mediante la imposición de provisiones más rigurosas. Ahora, una mora de apenas 5 días se castiga con una provisión del 5% del crédito, cuando antes ocurría a los 30 días. Con esta nueva política la provisión llega al 100%, es decir a pérdida total a los 90 días, frente a 9 meses anteriores


Igualmente, el Directorio del BCE mantiene vigente la política de autorizar inversiones de las instituciones públicas en los bancos privados a un plazo no mayor de 90 días, mientras con papeles públicos lo pueden hacer a un año plazo. (Regulación 103-2002). ¿Cuál es el resultado?. Impedir que el mercado tenga captaciones a un plazo mas largo para otorgar créditos en términos mas adecuados para la producción nacional.


Colaboración Editorial

DIARIO EL COMERCIO

Enero 3 del 2003

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