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Equidad con equilibrio

América Latina sigue dando que hablar. Ahora , además de la crisis argentina, los resultados del crecimiento en los demás países, con pocas excepciones entre las que se cuenta nuestro país, son desilusionantes, en especial por el esfuerzo que se requiere emprender para corregir los profundos desequilibrios sociales acumulados a lo largo de las décadas pasadas.


La angustia se ve en los rostros de aquellos que se lanzan a las calles a reclamar por la presencia de un estado y un gobierno que atienda sus urgencias. La violencia escala cada día y ahora sus protagonistas son representantes de la clase media. El panorama dramático tiene su válvula de escape en las masivas migraciones que encuentran terreno fértil en Europa que requiere, por el envejecimiento de su población, de 20 millones de trabajadores en los próximos 20 años. Sin esto, la explosión social en muchos de nuestros países habría sido incontenible.


Los problemas de la región son tan complejos que exigen grandes sacrificios por largo tiempo para cosechar los resultados buscados. Lo que se sabe a ciencia cierta es que aquellas sociedades que concertaron y defendieron los principios de un manejo equilibrado de la economía, precautelando los postulados de mantener un estado robusto en la atención de sus obligaciones sociales, que desecha todo aquello que le es secundario, le resta recursos y le distrae de sus responsabilidades trascendentes, han cosechado frutos generosos. La pobreza se ha reducido, los empleos son estables y remunerativos. Chile, Costa Rica, República Dominicana, son ejemplos.


La tasa de crecimiento entre los países estables, abiertos al mundo frente a los abusivos en el gasto, que se esconden en el endeudamiento y luego reniegan de él, es muy superior y llega a ser cinco veces mayor. Muchos sostienen que en crisis, la tesis de impulsar unas finanzas públicas balanceadas es contraria a los principios que exige la recuperación económica. Así es. Los textos lo dicen de manera muy simple. Lo que no dicen es cómo financiar un déficit público si no hay quien le quiera prestar a un gobierno que abusó de sus prerrogativas y se convirtió en un mal pagador. Solamente cuando se ha perdido la confianza se aprecia su valor. Entonces, al Estado no le queda otra vía que gastar lo que tiene, con lo cual llega, por las malas, a regañadientes y lo que es peor sin convencimiento, a tener presupuestos equilibrados.


Ahí empieza la etapa de buscar culpables: los multilaterales porque ya no le quieren prestar, los bancos porque le cerraron las puertas, la globalización porque no resolvió los problemas, los corruptos, que los hay y muchos y los dirigentes políticos. ¡Que escasa es la capacidad de prevención!, ¿Qué corta la visión de los gobernantes?, ¡Que miopes los ciudadanos!. Para los ecuatorianos es tiempo de corregir si queremos evitar una nueva repetición de grandes desordenes nacionales. Protejamos la estabilidad y viabilidad de la economía cuidando los recursos públicos y seleccionando el gasto en lo fundamental: Buena educación, buena salud y un solvente sistema de seguridad social. Con eso bien hecho se defiende la democracia y se construye un país de mayor equidad. Sin ello, Dios nos guarde.

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Colaboración Editorial

Diario El Comercio

Marzo 20 del 2002

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© 2020 por Alex C.