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Otra vez hay ruidos en la economía. Se cuestiona la dolarización por los resultados de las exportaciones del 2001 que caen en el 9%, mientras las importaciones crecen en mas del 40%. Se afirma que los precios internos aumentan, aunque se reconoce que la inflación declina. Se percibe dificultades en las finanzas públicas. Aumentan los gastos por las presiones provinciales o gremiales, así como por iniciativas gubernamentales con ocasión de las fiestas locales. Se nota que los compromisos públicos no pueden cumplirse y reflotan los paros. Los programas de modernización del Estado tienen problemas. Hay dilatorias en los proyectos petroleros.


La dolarización no es una panacea, ni es inmutable. Tiene inflexibilidades y requiere de un manejo muy ortodoxo que no admite rangos de error, pero eso no lo reconocen ni sus propulsores que siguen buscando prebendas a costa de todos.


El poder político tiene restricciones para crear los mecanismos que regulen la nueva política económica. Priman los intereses locales frente a los nacionales. No se ofrecen soluciones alternativas. No hay un Plan Nacional que una a todos. Hay orfandad en el liderazgo.


Sin embargo, a pesar de todo hay temas que reconfortan. En las exportaciones si se desmenuza el análisis se ve que el problema central fue la caída del 22% en las petroleras, el estancamiento de las bananeras y la pérdida del 4.5% en las de camarón. Las demás, con ciertas excepciones tuvieron un buen año. Las no tradicionales crecieron en el 8.3%, destacándose jugos. harina de pescado, enlatados del mar, prendas de vestir, químicos, vehículos, manufacturas de metal y otros. El panorama no es tan negro como lo pintan algunos, aunque eso no quiere decir que se resolvieron todos los problemas. En perspectiva, la inflación, aunque declinada, todavía es muy alta y tiene resistencia a caer por debajo del 1% mensual. Se nota que los mercados todavía tienen componentes monopólicos que demandan regulación económica. La inercia se consolida por el gradualismo de los ajustes públicos. El tiempo amenaza a la competitividad externa.


Las importaciones se desmandaron el 2001, pero tendrán que declinar por la realidad interna. Es imposible sostener ese nivel de compras externas. No lo soportaría la balanza de pagos ni la estructura productiva.


La preocupación por las finanzas públicas tiene asidero luego de dos años de manejo equilibrado. El petróleo no sube de 15 dólares y se insiste en un Presupuesto con ingresos de 19 dólares por barril. La brecha no financiada puede superar los 1.000 millones y no hay quien diga de donde saldrán los recursos. Para el FMI se necesita crear un superávit, después de la experiencia Argentina, de por lo menos 1% del PIB, mientras el gobierno sostiene que busca el equilibrio fiscal aunque no dice cómo lo va a alcanzar. Petroecuador ya empieza a tener atrasos en sus pagos. Igual el Gobierno central. El Club de París espera la regularización de las obligaciones vencidas. La negociación con el FMI luce compleja. La reducción de la desmesurada deuda pública necesita los excedentes presupuestarios. El Fondo Petrolero es indispensable. Se debe corregir las distorsiones actuales a tiempo. Se ha perdido dos tercios del patrimonio público en los últimos 30 años. Aquí el tiempo también se viene encima.


Colaboración Editorial

Diario El Comercio

Marzo 7 del 2002

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