Otra discriminación

Avanza este 2021 y sigue la pandemia marcando la conducta de todas las colectividades. No tiene piedad ni descanso. Al menor descuido en la forma de comportarse de los distintos grupos sociales, reaparece con singular fuerza e incluso lo hace demostrando su enorme capacidad de mutarse para poner a prueba nuevamente la eficacia de las vacunas desarrolladas con gran esfuerzo en tiempo históricamente incomparable.

Ahora empieza o se ve otra odisea: conseguir estos antídotos y tener la suficiente capacidad para cuidarlos durante un complejo proceso de utilización. Esta clara la profunda desigualdad en la distribución mundial de las vacunas cuya producción restringida en esta etapa inicial, que nadie sabe cuanto durará, no permite cubrir la desproporcionada demanda que con angustia y usando todos los métodos inimaginables de presión política, oferta financiera, cada gobierno trata obtener algo de lo disponible dentro de una lucha por la supervivencia que echó por la borda el principio de solidaridad mundial, vencido por el abuso del poder económico.

Pero hay más. Incluso los países que han conseguido ser los primeros en disponer de alguna cuota, demuestran sus falencias institucionales para poder administrar convenientemente y con la urgencia que exige este tratamiento. Por todas partes hay quejas pues no se cumplen los objetivos y dentro de mucha improvisación, otra vez aparecen los compadrazgos para conseguir que alguien que no tiene la debida prioridad se beneficie de esta aplicación. Vale el dicho: en todas partes se cuecen habas.

Orden y respeto a las prioridades en el plano mundial (y no en el de cada país) deberían ser los parámetros de la distribución de las vacunas. Incluso, algún grado de preferencia podría establecerse para zonas, áreas en las cuales las condiciones sanitarias son malas y propensas a un mayor contagio y mortalidad. Sin embargo, está claro que la idea es una utopía, aunque para mitigar este enorme desbalance de poder en la obtención de estos medicamentos, los organismos multilaterales, las NNUU, tienen la obligación de usar su capacidad de negociación para cambiar esta marcada tendencia de concentrar lo que se tiene en países que, haciendo uso de sus poderes, han profundizado este trato discriminatorio.

Además, la realidad económica de muchos países de escaso desarrollo les impide disponer de los recursos suficientes para adquirir estas vacunas, así como tampoco disponen de las infraestructuras necesarias para conservarlas, lo cual ha llevado a estimar que son necesarios encontrar 9 000 millones de dólares para cubrir esa brecha y, claro el tiempo apremia.

Colaboración

Diario El Comercio

22 de enero del 2021