Negociación o violencia

Con la triste retirada del ejército de los EE.UU. de Afganistan terminan 20 años de una acción bélica que tuvo su origen en el multiple ataque realizado por Al Qaeda el 11 de septiembre del 2001 al territorio norteamericano. La reacción ante la agresión también fue violenta y explicable por la saña de los terroristas. Pero, visto todo este largo proceso en perspectiva (que siempre es más fácil evaluarlo frente a las angustias y dilemas del momento de los hechos), queda claro que las emociones fueron mas contundentes que las razones para iniciar este conflicto. El resultado final ha tenido un doloroso costo humano y el económico ha sido fenomenal. Algunos trillones de dólares se utilizaron para perseguir a los terroristas y doblegar a sus aliados los talibanes. De los autores del atentado han desaparecido muchos lideres y el movimiento no parece estar muy activo; en cambio los talibanes vuelven a controlar ese país.

De pronto se hicieron humo los dirigentes políticos afganos que estuvieron respaldados por la ingerencia externa, recibieron ingentes recursos y, se supone que organizaron el gobierno con instituciones sólidas, fuertes, que resultaron ser siniestras, de papel en el momento en el que debieron demostrar su valor.

El proceso de evacuación ha sido lamentable, con imágenes terribles de multitudes desesperadas por salir como sea de su tierra. Muchos de ellos aliados que se vieron a merced del grupo taliban reconocido por su violencia sin límite ni pudor.

Hace años, los rusos pasaron por igual atropello. Salieron derrotados del objetivo de imponer en ese país una organización política afín a sus intereses. EE.UU colaboró con esta estampida y apoyó a los talibanes, que poco tiempo después fueron también perseguidos. Hoy, ellos se tomaron la revancha, aunque los señores de la guerra (jefes grupales contrarios que volvieron a las montañas) ya anuncian un nuevo frente de resistencia que mantendrá a los afganos nuevamente en una situación de violencia e inseguridad.

Diego Cordovez, jefe negociador de las NNUU para la paz en Afganistan era un esceptico de conseguirla por el profundo fraccionamiento grupal y de encarnizada violencia. Creía, que las intervenciones militares eran inutiles mientras no exista una verdadera vocación por el encuentro y la paz. Las imposiciones traen intermedios de una falsa tranquilidad que no cura las causas de la violencia. Las adormece. Viven recogidas y tan pronto como pueden recuperan su vigor.

Se desperdiciaron valiosas vidas humanas y recursos que podrían haber servido para propósitos más nobles de un mundo con demasiados pobres y excesiva inequidad. Ojalá se aprenda la lección, aunque dudo por la historia de la humanidad.

Colaboración

Diario El Comercio

03 de septiembre del 2021