Nada más. Nada menos.

Que educaditos eran muchos de los que hoy amenazan cuando el país tenía un gobierno abusivo, autoritario que usaba cualquier medio para tenerles a raya con chantajes, bravatas, juicios inventados.

Ahora, aparecen como defensores violentos de causas incoherentes que se contradicen en los hechos pero que nada importan para usarlos como banderas de lucha. Dicen salvaguardar la madre naturaleza y con la misma boca aplauden el derroche de los combustibles fósiles. ¿Qué mismo defienden? Saben que la caja fiscal no tiene medio e insisten en cortarle una de las pocas fuentes que, como están esos precios sólo favorecen a individuos indeseables que realizan operaciones vinculadas con el narcotráfico y el contrabando. Eso si, se califican como éticos. ¿Cómo explican esta inconsistencia? Dicen que la corrección de los precios de los combustibles duele al bolsillo de la gente, pero no se inmutan cuando ven que no sólo que no hay inflación sino una leve pero persistente deflación. ¿Y aquí cuál es la respuesta? Se oponen a los acuerdos comerciales mientras en muchas comunidades las empresas exportadoras han traído empleo digno. ¿Quieren regresar a tiempos de salarios miserables? Hablan de diálogo, pero los comunicados traen expresiones impositivas, reñidas con la ley. ¿Son demócratas? O se contagiaron de la postura intransigente de una década, cuyos daños todavía no se logran reparar y requieren solidaridad.

El disenso es parte del sistema republicano regulado bajo un conjunto de normas que hagan de su aplicación un medio legítimo de protesta sin afectar la organización o cercenando lo derechos de los demás miembros de la sociedad. El uso de la fuerza, la obstrucción de servicios, la agresión a la propiedad privada, la destrucción de bienes públicos o cualquier otra forma de alteración violenta de las actividades de quienes no participan de ese disenso, no sólo que es repudiable, sino que está castigado por la ley y, el Estado, es decir todos los órganos de gobierno están obligados a cumplir con las responsabilidades de cuidar el bien común.

Todavía está pendiente de cumplirse esta indiscutible obligación por lo ocurrido en octubre del 2019 y esa mora ha profundizado el sentimiento de impunidad que transmite la organización política a toda la sociedad. Este es un recordatorio de las condiciones que aseguran la buena marcha de la organización republicana.

La democracia ofrece derechos, pero impone obligaciones. Nadie escapa a esa ecuación cuyo cumplimiento exige respeto de la ley, reconocimiento de la autoridad, actuar de buena fe y fundamentalmente disposición abierta a diálogos en los cuales la coherencia sea la base para la búsqueda de una solución compartida. Nada más ni nada menos.

Colaboración

Diario El Comercio

06 de agosto del 2021