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No está claro

¿Cómo se pueden entender los cambios realizados en el gabinete? ¿Qué busca el gobierno? ¿Qué tareas está empeñado en realizar? ¿Tiene clara la problemática económica? La verdad es que no sé. El mensaje es confuso. No tiene la claridad que el país requiere para superar sus dificultades. Las primeras reacciones, tanto internacionales como internas, no son buenas. Renacieron los temores y con ellos tomaron fuerza actitudes defensivas que echan al traste las débiles esperanzas de recuperar una economía dinámica, con vida, que tenga medios para resolver sus inequidades.


Es difícil concebir, salvo que en el programa económico por anunciarse la próxima semana se ofrezcan cambios de algún calado, por donde se busca restituir la tan buscada confianza de los agentes económicos. Y sin ésta no hay posibilidad alguna de salir del entrampamiento peligroso por el cual transitan las actividades nacionales.


Las expectativas creadas por el propio gobierno al anunciar una nueva versión de su plan económico, que en la práctica no lo ha tenido, pueden convertirse en un tremendo baldón si el contenido demuestra poco afán de rectificación del rumbo actual, en especial en lo atinente al tamaño del estado, cuya dimensión rebasó el nivel de tolerancia de una colectividad empeñada en tener mejores días. Y no se trata de ofrecer un ajuste dramático sino de comprometerse en llevar adelante, con perseverancia, con el apoyo y paraguas de compromisos incluso internacionales que lo acompañen con recursos concedidos en condiciones blandas o apropiadas, una reducción sistemática del desproporcionado déficit fiscal a un nivel manejable y compatible con una política económica revitalizada por la reconquista de la inversión privada.


Y no hay otro camino que el de la reducción del gasto, pues la vía del endeudamiento ya llegó a un punto que estrangula las disponibilidades fiscales, pone en riesgo los programas sociales; y, la de más impuestos ahora sería un tiro en el pie del propio objetivo de mejorar el empleo. No hay por donde perderse. A futuro habrá que racionalizar el sistema tributario. Aquí no cabe la ideología sino la praxis y ella lleva primero a eliminar los excesos que lucen significativos, para volver a poner en vigencia los principios de manejo responsable de los recursos entregados por la sociedad a un Estado que cumpla sus responsabilidades prioritarias.


Ahora toca esperar para ver lo que dice le gobierno en pocos días. Cruzar los dedos para que lo que venga como contenido de la rectificación económica tenga sentido y sustancia. Sea coherente. Defina las cosas con precisión y las reglas reemplacen a la discrecionalidad. El gobierno se juega y con él todo el país.


Colaboración

Diario El Comercio

09 de marzo del 2018

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© 2020 por Alex C.