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Reglas y no discreción

“Si no hacemos algo, el próximo lunes no tendremos una economía”. Así de dramática fue la frase de Ben Bernanke, presidente del FED cuando exponía sus argumentos al Congreso de los EEUU sobre la necesidad de poner en vigencia un plan de salvamento no sólo del sistema financiero sino de toda la estructura productiva de la primera economía mundial.


El dilema había llegado a su límite: dejar que las instituciones se caigan, quiebren, o poner recursos públicos para sostenerlas y reducir, en lo que sea posible, el daño ya ocasionado. Ya no cabían medias tintas. La crisis había llegado demasiado lejos.


Ahora, 30 días después ya tenemos un panorama más claro: la crisis ha contagiado prácticamente a todos los países y su proceso despiadado de daño empieza a sentirse. Se aprecian reacciones de defensa. La más difundida es la devaluación masiva y general de las monedas. En Asia, África, América Latina, Europa, los países están tomando decisiones de protección mediante políticas económicas que permitan absorberla sin crear inflaciones compensatorias. Es decir, buscando que en realidad sus monedas se devalúen, consigan una ventaja competitiva que compense las pérdidas derivadas del estancamiento del comercio mundial y la caída de precios de sus exportaciones.


Algunos justifican estas medidas por la reevaluación del 22% del dólar frente al euro en los tres últimos tres meses, pero los ajustes cambiarios rebasan esa proporción. Australia devaluó en el 44%, Brasil en el 34%, Noruega en el 31%, África del Sur en el 31%, Corea del Sur en el 41%, Chile en el 32%, Colombia en igual porcentaje, Méjico en el 30%. Y los ejemplos siguen. Mientras unos pocos no lo han hecho, o no lo pueden hacer.


Esto traerá cambios importantes en los flujos de comercio, existiendo el peligro de que se conviertan en herramienta de retaliación comercial en un ambiente de recesión económica mundial. Los riesgos de una pérdida de la estabilidad y el regreso a políticas inflacionarias pueden ser altos dependiendo de la capacidad de concertación que exista en los principales centros económicos mundiales para establecer mecanismos de supervisión generales, de aplicación obligatoria, sin excepción alguna. Un moderno Bretton Woods.


La Comunidad Europea está conciente de este problema y lleva a la reunión del G-20 una postura de revisión del papel de los organismos multilaterales en este sentido.


La idea es encontrar a “alguien” con suficiente poder mundial para que fije las normas que deben aplicar todos los países en el manejo de sus políticas monetarias y cambiarias. “Reglas y no Discreción” es el principio que se quiere restablecer para que nadie pueda hacer lo que quiera, ya que ello simplemente transmite daños a los demás. Quita certeza y transparencia a los mercados y deja sueltos a los irresponsables e indisciplinados.


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“Alguien” con poder mundial debe fijar las normas monetarias y cambiarias que apliquen todos los países.



Colaboración

Editorial Diario EL COMERCIO

Noviembre 13 del 2008

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© 2020 por Alex C.