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Recentralización obligada

La descentralización se ha convertido en el tema que divide las opiniones entre los que la apoyan y están con el desarrollo del mundo actual y los cavernarios. Y eso, no es cierto. Como siempre, las radicalizaciones conceptuales cargan consigo un pesado fardo de deformación de la verdad. Sostener que la descentralización resuelve todos los problemas es tan dogmático como creer que todo lo soluciona el mercado. Pensar, por el otro lado que la centralización es inamovible es algo muy similar a proponer controles de precios y protección a la competencia en un mundo que cada día se integra más.


Por ello, lo que luce sensato es buscar un punto intermedio que combine las fortalezas de una descentralización selecta, calificada, responsable, con el mantenimiento de funciones nacionales vitales centralizadas. Y para eso se necesita construir una organización estatal en la cual estén perfectamente delimitadas las funciones, responsabilidades y recursos disponibles. Improvisar en este campo, es correr el riesgo, alto y oneroso, de constituir una organización política que genere fuertes tensiones producto de las inequidades establecidas entre distintas localidades, regiones, a más de generar un Estado enanizado, quebrado que es incapaz de responder a sus obligaciones primigenias, y entregar responsabilidades sin ton ni son, que luego no son atendidas ni con eficiencia, peor con responsabilidad.


Además, la descentralización debe estar soportada en un sistema equitativo que distribuya recursos en función de las responsabilidades asumidas y no en un conjunto de normas que otorga iguales beneficios frente a responsabilidades disímiles, como es el caso de la famosa ley del 15% para municipios y consejos provinciales que no promueve ni la eficiencia, no incentiva a estos organismos a asumir más responsabilices, ni les mide con la misma vara.


Ahora está en carpeta una propuesta de Autonomías provinciales o locales con una normativa tan amplia que rompe toda la estructura unitaria nacional, aunque en el texto se la defienda, cuando lo lógico y recomendable sería discutir un proceso selectivo pero continuo de traspaso de responsabilidades administrativas y de recursos, excluyendo eso si la definición de políticas que deben estar centralizadas. Y conforme se consoliden las nuevas asignaturas emprender en nuevas, sobre la base de conseguir mayor eficiencia estatal con una utilización óptima de los recursos.


De lo contrario volverá a ocurrir lo que históricamente ya lo hemos visto y que en estos días se lo vuelve a vivir cuando fracasa la descentralización: se le devuelve al Estado los problemas y se pide al gobierno que asuma a nombre de todos las pérdidas de unos pocos. Es decir se re-centraliza las obligaciones. Esto ocurre con los resultados de muchas, diría la mayoría de las empresas eléctricas que antes dependían de INECEL, pero que desde que se las crearon con autonomía local o regional sólo dan dolores de cabeza. Años atrás, algunos municipios devolvieron la educación, el agua potable, el alcantarillado y el Estado pagó el costo de la re-centralización. En las eléctricas hablamos de mil millones de dólares. Sólo la CAPEC es algo así como 700 millones. Amén de muchos otros casos.


La descentralización se discute y presiona en público, la re-centralización está bajo la mesa.


DESTACADO


Cuando fracasa la descentralización se devuelve al Estado los problemas para que asuma las pérdidas.


Colaboración Editorial

DIARIO EL COMERCIO

7 de Septiembre del 2006

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© 2020 por Alex C.