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Opacidad económica

El primer eslabón de la cadena de corrupción es la tendencia a generalizar al secretismo informativo. La respuesta que se recibe cuando se solicita información pública es:” lo lamento pero es reservado” y bajo este remoquete se ocultan las mas diversas y sofisticadas trafacías.


La segunda ventanilla se viabiliza por las exoneraciones al pago de impuestos, construidas bajo la falacia de favorecer la equidad, cuando el incentivo real es la evasión tributaria. Por ahí se enancan y escapan del control todos aquellos vivos que nunca cumplen con sus responsabilidades.


Otro de los recursos mas usado para incumplir las obligaciones ha sido la proliferación de disposiciones que permiten la discrecionalidad de los ejecutivos públicos sobre la aplicación de las leyes y reglamentos. El cambio de opinión sin respaldo jurídico o sin atribuciones porque “conviene en ese momento al interés público”, es una práctica corrupta.


La destrucción de la institucionalidad pública colabora en la inacción de la sociedad en su lucha contra sus deformaciones morales y éticas. El narcotráfico, entre tantas otras formas ruines de destrucción de la niñez y juventud, se aprovecha precisamente de estas debilidades nacionales.


En todos estos casos, el elemento que los aglutina es el ocultamiento de información. No se rinden cuentas. Lo mismo se aplica al sector privado: el maquillaje de balances es una señal fuerte de quiebra moral. A todo esto internacionalmente se llama la “opacidad” de un país. Se lo mide con un índice que según un estudio mientras mas alto sea menos inversión atrae. El Ecuador es uno de los más opacos, sólo superado por Turquía, Rusia, Kenya. Si se mejora la transparencia mejoran las condiciones de su financiamiento, se reducen los costos del capital, bajan los intereses, se reducen las fugas de capital y las crisis financieras, mejora el empleo.


La solución es compleja, pero tiene un peldaño inicial obvio: transparentar todo tipo de información económica, sea pública o privada. Así no se escapan los pájaros.


Por eso, la reforma al sistema de aduanas es la oportunidad de atacar algunos de sus males crónicos desterrando las exclusiones de los controles de verificación tanto en el embarque como cuando llega la mercadería al país. El proyecto está concebido para romper los “huecos o túneles” a través de los cuales florece el contrabando. La idea es que todo lo que llega, lo controla y pasa por la Aduana, sin excepción alguna, incluyendo las importaciones de las instituciones públicas.


Hay que publicar toda la información presupuestaria, a un nivel de detalle que permita hacer un seguimiento cuidadoso sobre la forma cómo se usan los fondos aportados por los contribuyentes. La creación del sistema de Contratanet, bajo responsabilidad de la CCCC es un paso adelante en la transparencia pública.


La denuncia de las pérdidas de casi $. 500 millones anuales de la Refinería exige una explicación meridiana. Es mucho dinero y casi nadie lo sabía. Petroecuador debe abrir sus libros y someterse a una auditoria pública incondicional para saber lo que pasa adentro.


Otro caso es la AGD que debe ser auditada, al igual que todos los bancos bajo su administración. El país necesita conocer la verdad. Transparencia económica a todo nivel es la consigna. Es parte de un Ecuador moderno.


Colaboración Editorial

DIARIO EL COMERCIO

Febrero 27 del 2003

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