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Tasa de interes

La discusión actual de este importante instrumento de política económica se centra en simples enunciados que se resumen en la repetida frase “hay que bajarlas”, que muchos incluso la usan sin tener la menor idea de lo que ocurre en el mercado financiero. Algunos escudriñan las razones de esta posición vinculándola con la necesidad de promover la inversión, como si fuera lo único que la determina. Otros ubican el argumento de peso en la llamada “reactivación” asumiendo que sólo esto impide su concreción. Con esta visión parecería ser que los temas microeconómicos de capitalización empresarial, productividad, competitividad, eficiencia ya han sido superados. Incluso podría suponerse que hemos avanzado tanto en la solución de los problemas macroeconómicos que se puede decir que sólo falta este último tornillo para que la maquinaria de la producción vuelva a trabajar con empeño y a plena capacidad.


El problema real, de fondo, es que nadie dice cómo hacerlo. Nadie repara que las tasas de interés no son fijadas, sino que responden a la evaluación de la situación macroeconómica del país, en un contexto de una economía abierta que recibe los influjos de las percepciones internacionales a través del movimiento de capitales.


Es más, la exclusiva consecución de tasas bajas no necesariamente lleva a una recuperación. Vean el caso de Japón que tiene intereses muy cercanos al cero por ciento durante mas de cuatro años y no consigue salir de la recesión. Es posiblemente la crisis mas larga de la época moderna y su solución no se circunscribe al estricto campo financiero. La realidad económica es mas que eso. Igual análisis es pertinente en nuestro País. Miren también el caso de los Estados Unidos, cuyos mercados de capitales siguen deprimidos a pesar de la extraordinaria caída de las tasas de interés. Los problemas demuestran ser más complejos.


Los ejemplos de Chile y Méjico nos ayudan a entender porqué son vitales en los programas económicos los conceptos de perseverancia y consistencia a lo largo del tiempo. De esta forma se construye confianza y se estabiliza, a la par que crece, la economía. Ahí sí los mercados financieros reciben el influjo de capitales que permiten mantener tasas de interés a niveles bajos, pero reales y sostenibles. No se ven maniobras políticas sino decisiones económicas, en un ambiente de mercado que consolidan la profundidad de la intermediación bancaria.


En cambio, si se impone una reducción ficticia, los flujos de capitales se reducen o cambian de dirección, proliferan los mercados negros o paralelos y se oculta el desequilibrio que acumula problemas que explotan en un momento inesperado. Esto ya lo hemos vivido y no debemos olvidarlo. Lo que se obtiene como resultado neto es un mercado “seco” de dinero que premia la especulación y castiga a los sectores más vulnerables.


Por eso la solución es construir un programa creíble, que cuente con el apoyo internacional, que se mantenga en el tiempo y respete la sanidad de las finanzas públicas. De esta manera, los márgenes de intermediación se transparentan y dejan de tener cargas tributarias y paratributarias onerosas como ocurre en la actualidad. La industria bancaria se vuelve atractiva para la inversión y aparecen nuevos interesados en participar en las oportunidades que ofrece el País..


Colaboración Editorial

Diario El Comercio

Junio 12 del 2002

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© 2020 por Alex C.