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Contradicciones nacionales

¿Cuáles son los sectores claves de la dolarización?. ¿Cómo enfrentaremos los cambios internacionales que se vienen como consecuencia del 11 de septiembre?. Hasta ahora, nadie a dicho algo. El país ni siquiera ha discutido estos temas. Lo cierto es que en el sector externo las exportaciones tienen dificultades competitivas, mientras las importaciones crecen tan rápidamente que se eliminó el superávit comercial, a pesar de lo cual voceros gubernamentales propugnan la racionalización y reducción de aranceles para liberalizar aún más las relaciones comerciales con el resto del mundo.


Sin ninguna estrategia, se compromete el interés nacional. La imprevisión está presente en estos temas. ¿Acaso alguien nos ha dicho lo que vamos hacer si se mantiene la depresión de los mercados internacionales?. ¿Quién sabe cómo se enfrentará los aumentos de costos de transporte?. ¿Podrá alguna persona creer que la solución es bajar aranceles?. ¿Quién responde por el empleo y la inversión perdidas?


El Gobierno tiene que replantear su política comercial para enfrentar un ambiente internacional adverso. Conocemos que la productividad debe mejorar rápidamente, tanto por las inflexibilidades creadas por la dolarización como por la vigencia de un mundo tecnológico que avasalla cada día, pero que coexiste con restricciones políticas y económicas severas. Por eso, no se entiende la propuesta de reducir a ciegas los aranceles. Acaso no han visto los resultados de la balanza comercial de este año. La solución camina en otra dirección, que requiere tiempo, sacrificio y un replanteamiento de los acuerdos internacionales negociadas por el país. No hay como dar ventaja a los competidores sólo por cumplir un objetivo “Andino” que, además sustenta sus análisis en otros modelos de política monetaria y cambiaria.


Igualmente, en el campo financiero no se entiende cómo algunos funcionarios del FMI insisten en castigar el valor de los bonos nacionales –especialmente de deuda interna- obligando a poner en pérdidas entre el 15% y el 20% de su valor nominal, justo cuando el Gobierno quiere optimizar la colocación de los bonos entregados al Filanbanco a través de una subasta pública.


Es difícil encontrar antecedentes de algún país que degrada sus propias obligaciones. A nadie en el mundo se le ocurre castigar sus activos antes de venderlos, o cuando está buscando rehabilitarse en el mercado. Pues bien, eso quieren hacer ciertos funcionarios del FMI con los papeles públicos. Sólo en el caso de Filanbanco, esta sugerencia le costará al Estado algunos millones de dólares. ¿Quién lo va a pagar?. Por supuesto, todos los ecuatorianos. Se imaginan el costo para el IESS, que tiene en su portafolio estos papeles.


Lo que le conviene al Gobierno es darle respetabilidad a sus bonos cumpliendo sus obligaciones para recuperar este instrumento de política económica que hoy está perdido. Pero eso no se logra castigando, en su propio mercado el valor de sus papeles. Lo que debería impulsar el Gobierno, y por supuesto apoyar al FMI, es la introducción de la norma de valoración internacional de bonos que respeta el precio de adquisición cuando se tiene la inversión para mantenerla hasta su vencimiento, o a valor de mercado cuando sirve para transacciones diarias de tesorería.


Estas contradicciones no pueden subsistir. Ojalá se enmienden las políticas. Queremos ser más puros que el agua bendita, cuando sabemos que el mundo trabaja defendiendo sus intereses particulares. Sino, pregunten al gobierno Japonés por qué no aplica Basilea; o, por qué los Estados Unidos protege su agricultura. Simplemente porque les conviene. Ahí no es cuestión de principios. Rige el pragmatismo. Brasil es un ejemplo cercano y fresco luego de la visita de su Presidente.


Colaboración Editorial

Diario El Comercio

Octubre 4 del 2001

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© 2020 por Alex C.